Editorial

Sin equidad habrá pandemia para rato

miércoles, 13 de octubre de 2021 · 01:08

En algunos países la pandemia sigue sin ceder por la irresponsabilidad de ciertos sectores de la población, que se niegan a vacunarse con argumentos descabellados. Es lo que sucede, por ejemplo, en Estados Unidos, país en el que  los casos diarios suelen superar todavía los 100.000, con más de 1.600 muertes cada 24 horas, lo que resulta absurdo teniendo en cuenta que hace más de medio año que cuenta con dosis suficiente para vacunar varias veces a todos sus habitantes. O en Rusia, un país que, pese a haber sido el primero en anunciar la vacuna contra el Covid-19, tiene casi 1.000 muertos por día y apenas un tercio de la población inició su esquema de vacunación.

En otros países, en cambio, la pandemia amenaza con quedarse indefinidamente, y no por falta de ciudadanos dispuestos a vacunarse, sino por falta de vacunas. Es que la distribución de las dosis, a casi un año de haberse empezado los operativos de vacunación, ha sido sumamente inequitativa. Hay países en los que las vacunas se vencen porque la oferta supera a la demanda, y naciones que tienen un porcentaje bajísimo de inoculación porque las vacunas no llegan. En África, países como Sudán, Nigeria, Camerún, Sierra Leona o Etiopía tienen a menos del 2% de la población con el esquema de vacunación completo. Países vecinos entre sí como Israel (63% de su población totalmente vacunada) y Palestina (0,85%) o Siria (1,70%) tienen un panorama muy diferente. La brecha se estructura a partir del poderío económico de algunas naciones respecto de otras. 

La comunidad internacional, integrada por el conjunto de los Estados nacionales y las organizaciones supranacionales, como las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud, ha fracasado en el intento de democratizar la distribución de las dosis. El peso excesivo de las grandes potencias en las decisiones que se adoptan impidió un reparto justo. Y los intereses comerciales de algunos de los laboratorios que patentaron vacunas prevalecieron sobre las necesidades de miles de millones de personas.

La tendencia parece que seguirá la misma trayectoria: acaba de anunciarse la aparición de un antiviral, el Molnupiravir, que podría dar buenos resultados para disminuir a la mitad las muertes de Covid-19. El Laboratorio que lo creó, Merk, declaró su intención de vender el tratamiento completo a 700 dólares. Sin embargo, un estudio realizado por investigadores de Harvard y el King’s College de Londres calcula que sólo costaría 20 dólares fabricar ese tratamiento de manera genérica, incluyendo impuestos y un margen de beneficio del 10%. Si se vende a ese precio, tendría alcance universal, pero los antecedentes indican que difícilmente se libere la patente y el laboratorio acceda a disminuir su tasa de ganancia.

Si los países más poderosos no democratizan la distribución de las vacunas y los fármacos por buena voluntad, al menos deberían hacerlo por necesidad: ya ha quedado demostrado que mientras haya países con altas tasas de contagios y casos graves, pueden surgir nuevas cepas o variantes más peligrosas, lo que facilita la extensión indefinida de la pandemia. Solo la vacunación masiva y global podrá convertir al Covid en una enfermedad endémica y por ello más fácil de controlar.

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