Cara y Cruz

La liberación que falta

martes, 12 de octubre de 2021 · 01:10

Superadas las acechanzas de la peste por arte de escrutinio, el país y la provincia viven la liberación intensamente. La explosión del turismo en el fin de semana extralargo fue consistente con el hartazgo por la duración de disposiciones preventivas cuyo carácter absurdo fue revelado a las autoridades por la derrota. Persisten sin embargo islotes de restricciones inexplicables en el contexto general del saneamiento operado por la vacunación a escala. 


Se abordó en este espacio, por ejemplo, la reticencia universitaria a avanzar ya con las clases presenciales, que ya comenzaron a implementarse en algunas facultades. Los bancos, en cambio, no muestran prisa alguna por normalizar sus prestaciones.
Continúa siendo necesario sacar turno para acceder a la atención personalizada, con la incomodidad que esto significa sobre todo para personas mayores que no están familiarizadas con las prácticas informáticas. 


Durante la pandemia, cuando comenzó a aflojar el confinamiento, se llamó la atención sobre el privilegio que implicaba que los bancarios gozaran de prerrogativas que no se aplicaban a otros trabajadores como los de las estaciones de servicio o los supermercados, más expuestos incluso a contagiarse con el temible COVID-19.
En las circunstancias actuales, con lo extendido de la inmunización a través de las vacunas, mantener el servicio restringido en las entidades financieras resulta injustificable y, por lo tanto, irritante para quienes se ven perjudicados por demoras y colas.


Esta impresión de privilegio se acrecentó en los últimos días con la noticia de que los empleados del Banco Nación cobrarán un bono no remunerativo de 66.000 pesos en el 130º aniversario de la entidad, monto acordado con la comisión gremial interna de La Bancaria. El gasto total asciende a 1.160 millones.
La información desencadenó un alud de repudios a través de las redes sociales, con odiosas comparaciones con extras muchos menores recibidos por otros trabajadores como los del sector de la salud.


Ante la reacción, La Bancaria y las autoridades del Nación aclararon que “hace 30 años que se entrega este bono, que no forma parte del salario. Es desde que el banco cumplió 100 años. Es un derecho adquirido, no es discrecional y se actualiza anualmente con la inflación oficial. Lo dieron todos los gobiernos en los últimos años, incluido el de Macri”.
Se argumentó también que el Nación es autárquico, registra ganancias operativas y que la bonificación es similar a la que pagan otras entidades públicas y privadas, aparte de que los empleados del Nación pagan el impuesto a las Ganancias, mientras que otros bancos públicos se lo reintegran a sus trabajadores. 
La entidad, además, logró “utilidades por 70.000 millones frente a un quebranto de 20.000 millones el año anterior”.


La Asociación Bancaria, por otro lado, acordó con las entidades financieras un aumento del 45,1% anual, más un bono por el Día del Bancario que oscila entre 100.000 y 170.000 pesos por empleado, con lo cual el sindicato se convirtió en uno de los que consiguió el mayor porcentaje de las negociaciones de este año, que se reabrieron por el alza de la inflación.
Por supuesto, poco hay para objetar por estas mejoras y beneficios, pero dado su monto, muy por encima de los de la mayoría de los trabajadores argentinos, podría redundar en una agilización de los servicios financieros que se prestan a la sociedad, que son en definitiva los que arrojan los amplios márgenes de utilidades que permiten pagarlos.

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