cara y cruz

La víscera más sensible

martes, 12 de enero de 2021 · 01:03

En la cultura popular argentina, los axiomas cargados de sensato cinismo de Juan Domingo Perón rivalizan con los del Viejo Vizcacha. Decía el afamado y escéptico General que el hombre es bueno, pero mejor si se lo controla, y que su víscera más sensible es el bolsillo. Conveniente sugerencia en estos momentos de peste en alza, rebeliones a las medidas de distanciamiento social y autoridad política menguada para imponer confinamientos.
El fin de semana se desarticularon varias fiestas clandestinas de adolescentes, pero fue particularmente notoria la suspensión de un casamiento que se desarrollaba en un hotel céntrico, que remitió a otra que se había realizado hace unas semanas, en otro hotel ubicado a pocas cuadras ¿Si los hoteles no acatan las disposiciones preventivas, qué puede esperarse de los particulares?


También informó el Gobierno que ya lleva recaudados 7 millones de pesos por multas, aunque sin mayores especificaciones. No se sabe si son por fiestas clandestinas, mal uso del barbijo u operativos en bares y confiterías, que son como pesca en barril.
El problema con las reuniones sociales es que son muy difíciles de controlar, mucho más ahora que los hasta ayer nomás rigurosos intendentes del interior han decidido aflojar para no malquistarse con sus clientelas en plena temporada turística.


El Gobierno triplicó ayer las multas por transgredir la profilaxis social. 
La más alta es de 300 mil pesos, por “incumplimiento de disposiciones y medidas para el ingreso, tránsito y permanencia en territorio provincial”. Por violar medidas atinentes a restricciones a la circulación, el aislamiento o el distanciamiento, $150.000 como máximo. Por reuniones sociales, hasta $60.000.
Las multas, es de suponer, pueden acumularse, pero llama la atención lo exiguo del monto establecido para las reuniones sociales, que a criterio del Gobierno son el principal motivo de la estampida virósica. Los más castigados serían los turistas infractores.


Tampoco establece el decreto el derrotero del trámite. Sólo habilita “un descuento del cincuenta 50% del monto de la multa aplicada cuando el infractor efectúe el pago de manera espontánea” y su reemplazo por trabajos comunitarios en caso de que “el infractor acredite fehacientemente no contar con medios económicos suficientes para afrontar el pago”.
Como disuasivo parece poco. Aún con el aumento, el organizador de eventos clandestinos se libera con $30.000.
En la provincia de Buenos Aires, el gobernador Axel Kicillof propondrá a los intendentes elevar las multas hasta 3,3 millones de pesos, con los municipios, que aparte tienen sus propias regulaciones sancionatorias, facultados para actuar como autoridad de aplicación. La carga de la multa podría elevarse hasta 500 sueldos.


Lo más importante es que el infractor sólo podrá objetarla después del pago, como ocurre, por ejemplo, con las infracciones de tránsito.
La letra con sangre entra, lamentablemente. Está visto que las sanciones económicas establecidas para quienes contravengan el régimen sanitario de excepción tienen escaso efecto sobre la conducta entre una población que se hartó, por otro lado, del confinamiento. 
Esto hace que el Estado tenga que extremar su vigilancia y ya se sabe cuáles son las ventajas del preso sobre el carcelero: para el preso, dispararse es la prioridad vital excluyente.

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