EL MIRADOR POLÍTICO

Beto, del capitán al recluta

domingo, 10 de enero de 2021 · 01:15

Al transferir la decisión sobre las restricciones sanitarias a gobernadores e intendentes, el Gobierno nacional admite por fin que la peste ha superado su capacidad de gestión.

Hay un problema de autoridad corroída por la cada vez más evidente ineficacia del confinamiento como método preventivo, agravado por los límites materiales para instrumentar compensaciones a los perjuicios económicos que devendrían de un retorno al encierro, en el marco de las tratativas para reestructurar la deuda con el FMI y las especulaciones del año electoral.

La pandemia devoró el capital del presidente Alberto Fernández porque su evolución no se ajustó a las expectativas que estimuló en el inicio de la crisis. Del 20 de marzo a la fecha degradó del épico Capitán Beto al más módico Beto el recluta, involución inconveniente cuando la política contra el coronavirus ha sido capturada por la grieta desde la que acumulan las dos facciones mayoritarias.

Es cierto, como alega el oficialismo, que el “toque de queda” sugerido a los mandatarios locales también se aplica en países que fascinan a los opositores. Pero no se trata de eso.

Los ejercicios ucrónicos de Fernández, estrechamente ligados a la mecánica de la grieta, fueron arrasados por la realidad. Es imposible determinar cuál hubiera sido el desarrollo de la peste con Mauricio Macri a cargo de la Presidencia, pero las estadísticas marcan un saldo decepcionante para la administración en curso.

La Argentina está ubicada en el duodécimo casillero del ranking mundial de cantidad de infectados y muertos, pero escala hasta entrar en el palmarés cuando se toma el vecindario del continente sudamericano: tercera en ambas categorías, rumbo a los 2 millones y los 50 mil, respectivamente.

Donde más pesa la frustración, sin embargo, es en el análisis comparativo proporcional de los muertos por millón de habitantes. Está segunda, con 995 casos fatales, solo superada por Perú, que pisa los 1.200. El Brasil gobernado por el energúmeno de Jair Bolsonaro tiene 967; Colombia 922, Chile 909, Ecuador 830,  Bolivia 821, Paraguay 323, Surinam 229, Guyana 214. Uruguay y la devastada Venezuela humillan: 72 y 36.

Con razón Fernández hace tiempo que no despliega sus pedagógicas cadenas nacionales con filminas. Ha de parecerle poco compadrear con que al menos el sistema sanitario no le colapsó.

 

Costos compartidos

Tampoco participó el Presidente de la conferencia de prensa en la que se explicaron los alcances del toque de queda recomendado. La encabezó el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, flanqueado por la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, y el ministro de Turismo, Matías Lammens.

Si la peste prospera pese a los esperanzadores pronósticos que justificaban los sacrificios exigidos, hay que reducir costos políticos.

Se adapta el nombre del programa de viviendas sociales de Cristina a las circunstancias. Ya no son Sueños, sino Costos Compartidos, con gobernadores e intendentes. Los caciques cargarán con las consecuencias electorales de las decisiones que tomen en sus distritos, privados de excusarse en los mandatos del ex Capitán Beto. Se les facilitó, a cambio, el pretexto del culpable de la hora, que es la “nocturnidad”.

El viraje federal de la política sanitaria refleja la impotencia. Fernández no está en condiciones de renovar confinamientos sin enfrentar rebeliones políticas y civiles.

Pero no solo los magros resultados de su encuarentenamiento general inciden en la desnutrición de su predicamento. Tampoco cuenta con margen para atemperar las derivaciones económicas de una decisión semejante. Sufre anemia de caja.

El ajuste sobre las jubilaciones, que perfeccionó en la Cámara de Diputados mientras el Senado sancionaba el aborto legal, fue precedido por la eliminación del subsidio IFE y el recorte de la ATP, creados para amortiguar el cese de actividades durante el encierro.

La imposibilidad de renovar estas asistencias condicionó el respaldo de los gobernadores y fue central en la fragmentación de las disposiciones preventivas: los mandatarios tendrían que sostener restricciones a la circulación y la actividad gastronómica en plena temporada turística, sin auxilios nacionales destinados a contener a los perjudicados y con sus propias finanzas exangües.

No es casual que no se los convocara para el último anuncio profiláctico. Los estrategas fernandistas se abstuvieron de la foto que acompañó el lanzamiento de anteriores gestas. Ya fue sintomático que se delegara la palabra en Cafiero, y era previsible la ausencia del jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta. Pero estuvo el aliado bonaerense Axel Kicillof o algún miembro de su equipo.

El cordobés Juan Schiaretti fue el primero en anticipar que no seguiría los consejos del Gobierno central. Paradigmático: Córdoba está en la cornisa del default, con severas dificultades para reestructurar la deuda en dólares.

El horizonte de la cesación de pagos se extiende a varias administraciones provinciales. Entre Ríos ya fue demandada en los tribunales de Nueva York por no pagar a tiempo. Salta (US$383 millones) y Tierra del Fuego (US$170 millones) están en tratativas mientras cumplen con los vencimientos; Buenos Aires (US$7148 millones), Chaco (US$250 millones) y La Rioja (US$300 millones) negocian ya en default.

 

Año de urnas

La peste se empina cuando es imposible elegir entre salud y economía. Qué tiempos aquellos.

Urge el acuerdo con el FMI para mejorar las chances de financiamiento externo, pero las condiciones para sellarlo incuban riesgos en el año electoral que se inicia. Es preciso practicar un ajuste incompatible con el proselitismo.

Fernández, el país con él, marcha por un desfiladero, abismos a ambos lados. El espacio para postular al electorado sangre, sudor y lágrimas se le ha estrechado drásticamente.

El Capitán Beto podía incursionar en un experimentos heroicos, con el crédito político de todo debutante íntegro y la peste todavía con las uñas guardadas.

Para Beto el recluta el desafío es bastante más arduo, sobre todo porque la tropa ultrakirchnerista se le borra cuando hay exponer cara y pellejo en la crisis sanitaria.

Obsesionada como está por afianzar sus reales en el megafeudo de la provincia de Buenos Aires, no imposta ni un amague de gratitud hacia el Presidente por los servicios prestados.

 

 

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