CARA Y CRUZ

Fusible invertido

viernes, 25 de septiembre de 2020 · 01:04

El ministro de Educación Francisco Gordillo es un tipo de suerte. Necesitaba una persona de su entera confianza para que le cubriera las espaldas en ese serpentario que es el gabinete y justo se dio la casualidad de que el gobernador Raúl Jalil había designado a un hijo suyo.
"Mi hijo es un joven que está próximo a recibirse de abogado y es designado como supervisor pero con un punto índice; no es supervisor pedagógico. Es un cargo político, como tantos cargos que existen dentro de la administración pública, que los otorga y designa el Gobernador de la Provincia, no el ministro de Educación", aclaró.


Qué injusta suele ser la gente. Toda la maledicencia aldeana suponiendo que el ministro había cedido a la tan extendida como irresistible tentación del nepotismo y resulta que el nombramiento de su vástago fue producto de una decisión unilateral del Gobernador, que seguro no tenía ni la menor idea del parentesco y habrá pretendido contribuir a que el promisorio joven terminara de cursar sus estudios universitarios sin tantos sacrificios.
"No está dentro del sistema educativo. Me está acompañando a mí, trabajando conmigo en el área de Despacho y la verdad es que, independientemente de todo, uno siempre trata de buscar la forma de que gente de confianza de uno pueda estar relacionada con la tarea o el trabajo que uno tiene", explicó Gordillo, que se enteró del nombramiento de tarro nomás, mientras repasaba el Boletín Oficial. Obviamente, no iba a desperdiciar la oportunidad de requerir los servicios de un casi profesional de su propia sangre, tan conveniente para protegerlo de las intrigas palaciegas.
La línea argumental había sido adelantada por el director de Asuntos Jurídicos Tadeo Herrera, luego de presentar documentación relacionada con la causa de las designaciones truchas en Educación que se sigue en la Unidad Fiscal de Delitos Especiales.
“Él no lo nombra. La designación, de acuerdo a la Constitución provincial, es facultad exclusiva del señor Gobernador. Lo que hizo el ministro es rubricar el decreto que firmó el gobernador. El decreto es del Poder Ejecutivo Provincial”, advirtió.


Herrera y Gordillo marcan una destacable innovación en materia de práctica política, sobre la que el hijo del ministro, inminente abogado, podría desarrollar una sabrosa tesis de doctorado.
El mundo ha vivido equivocado, diría Roberto Fontanarrosa. Hasta ahora se pensaba, con candidez propia de las democracias novatas, que los ministros y funcionarios de menor rango eran fusibles del Gobernador. Nadie imaginaba que podía ser al revés y que el Gobernador fuera fusible de los ministros, como proponen Herrera y Gordillo.
Se trata de un avance importantísimo para el sistema institucional del que no parecen haberse anoticiado todavía dirigentes políticos de parajes supuestamente más sofisticados del mal llamado Primer Mundo, que insisten en pedirles las renuncias a sus funcionarios en lugar de absorber ellos los costos de las gestiones fallidas.


Debe marcarse, sin embargo, una pequeña inconsistencia en la novedosa teoría.
Cuando reventó el escándalo de las designaciones truchas, Gordillo despidió sin excesivas contemplaciones al director de Recursos Humanos, Marcelo Ibáñez, el primero de una serie de sacrificados para tratar de salvarle el cuero al ministro.
Es decir que la teoría del “fusible invertido” se aplica para el vínculo Gobernador-ministros, pero no para ministros-directores u otros operadores de la burocracia de nivel inferior.
El próximo paso es que Gordillo le pida la renuncia al gobernador Jalil por haberlo despojado de la facultad de designar y promover gente en Educación. No lo ha hecho todavía de puro gaucho que es.
Sería una injusticia que con semejante materia prima, y semejantes mentores, el hijo de Gordillo no obtenga el premio Nobel.

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