EDITORIAL

Una nueva escuela

jueves, 24 de septiembre de 2020 · 01:01

La persistencia de la pandemia en la Argentina impide pensar en el retorno de las clases presenciales como una alternativa válida para este año, salvo casos muy puntuales en alguna región del país.

En ese contexto, parece razonable la resolución del Consejo Federal de Educación respecto de que ningún estudiante repetirá este año, formando una única “unidad pedagógica” con el año próximo y dejando la definición de la promoción para fin de 2021.

Debe entenderse que la decisión no implica una promoción automática, sino, en función de la excepcionalidad de la situación que se vive, la postergación de las evaluaciones hasta que todo tienda a normalizarse.

Las clases virtuales han tenido resultados muy dispares. En algunos colegios, sobre todo los privados, a los que concurren alumnos pertenecientes a familias con mayores ingresos, funcionó bien, o al menos aceptablemente. Pero en otros, en realidad la mayoría, la experiencia no ha sido buena por problemas de conectividad o de acceso de los estudiantes a los dispositivos para conectarse.

Esta dualidad se ha replicado, también, en Catamarca. En el interior provincial hay situaciones verdaderamente dramáticas. En general los chicos, tanto del nivel primario como del secundario, prácticamente no han tenido dictado de contenidos de manera sistemática. El proceso de aprendizaje ha sido nulo en los últimos meses por obstáculos la mayoría de las veces insalvables.

Directivos de escuelas rurales plantean que una proporción importante de adolescentes y jóvenes que asisten a ese tipo de establecimientos prácticamente han abandonado la escuela para sumarse a trabajos agrícolas. Las restricciones a la movilidad impiden la llegada habitual de peones rurales de los denominados “golondrina”, que trabajan temporalmente. La mano de obra es estrictamente local, y abastecida por chicos del lugar, que además ayudan a los ingresos familiares en estas épocas de aguda crisis.

Se han verificado, además, aunque no precisamente en las escuelas de mayor vulnerabilidad, situaciones insólitas que no se relacionan con las carencias de conectividad o acceso a dispositivos. Directores han explicado que se sienten impotentes ante la decisión generalizada en algunos cursos de “perder el año”. Son estudiantes que en 2020 debían egresar y que, molestos por la imposibilidad de sumarse a las clásicas actividades festivas de los últimos cursos, decidieron postergarlas para el año que viene, repitiendo “a propósito”. De modo que voluntariamente dejaron de participar de cualquier actividad educativa.

Como se ve, la pandemia provoca situaciones de las más controversiales. Una vez superada la etapa de las lógicas improvisaciones que sobrevienen cuando hay eventos sorpresivos generalizados, lo que viene en materia educativa es trabajar sobre una nueva y compleja realidad, lo que habitualmente se denomina “la nueva normalidad”, planificando estrategias que tiendan a solucionar los problemas, remover las restricciones y a reparar las distorsiones, a los efectos de diseñar una nueva escuela, capaz de incluir aun en tiempos de dificultades excepcionales.

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