EDITORIAL

Hábitos depredadores

miércoles, 23 de septiembre de 2020 · 01:04

Durante los dos o tres primeros meses de la pandemia, cuando el confinamiento era más estricto en la mayoría de los países, el mundo asistió a una suerte de descontaminación forzada. La consecuente reducción de la actividad industrial y el transporte con vehículos de combustión como resultado de las medidas restrictivas aplicadas sobre todo por los países desarrollados para frenar el coronavirus, posibilitó una reducción importante de las emisiones de dióxido de carbono.

De a poco, con el proceso de apertura a cada vez más actividades, el ritmo de contaminación fue aumentando, aunque todavía lejos de llegar a los niveles que había, por ejemplo, en febrero de este año. 
La emisión de dióxido de carbono en grandes cantidades supone, como se sabe desde hace varias décadas, un grave riesgo ambiental para el planeta. Un informe de reciente publicación cuantifica la incidencia de las pautas de consumo de la población mundial de mayores ingresos. El estudio fue elaborado por la ONG británica Oxfam, que se dedica a buscar soluciones para el hambre y la pobreza extrema. Sostiene, entre otras cosas, que sesenta y dos millones de ricos, menos del 1% de los habitantes de la Tierra, son responsables, justamente con sus pautas de consumo, de más del doble de la emisión de carbono que causan los 3100 millones de terrestres más pobres. 

Es decir, se corrobora que hay una relación directa entre el exacerbado consumismo de los mega millonarios del planeta y el calentamiento global. El informe señala que la décima parte más rica de la humanidad emitió más de la mitad del carbono que se agregó a nuestra atmósfera en el cuarto de siglo que va de 1990 a 2015, algo así como 750 gigatoneladas. Esa cantidad es similar, según calculan los especialistas, a lo añadido en el sigo que va de 1855 a 1955. 

Las economías de todas las naciones han caído notablemente como consecuencia de la pandemia. La meta de todos los gobiernos es volver a crecer, lo que traería aparejado el reinicio de un proceso de contaminación. 
El desarrollo de la economía es deseable solo si la producción de bienes se realiza según pautas ambientalmente sustentables. Es decir, el mundo post pandemia requiere de transformaciones en los modos de producción que eviten el avance de las emisiones de dióxido de carbono, pero también de políticas globales de redistribución de la riqueza. Pero si esas políticas redistributivas no van acompañadas de cambios culturales que pongan énfasis en la necesidad de preservar el ambiente, lo único que se logrará es que todos los habitantes de la Tierra tengan ingresos para la generalización de hábitos de consumo dañinos. 
Es tiempo de pensar que la plenitud de la vida humana no es el consumo exacerbado, sino la capacidad de disfrute de una vida más frugal, más amigable con la naturaleza, no condicionada por estos hábitos depredadores que, además de someter a las personas a lógicas comerciales, empuja al mundo a lugares cada vez más cerca del punto ambiental de no retorno.n

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