EDITORIAL

Opciones que deben evitarse

martes, 22 de septiembre de 2020 · 01:03

Con la tranquilidad de que Catamarca es una de las provincias menos endeudadas del país, el ministro de Hacienda, Sebastián Véliz, anunció la semana pasada que el gobierno recurrirá a créditos para la realización de obras públicas.

El Ejecutivo provincial ya tiene autorización de la Legislatura para tomar deuda. Los montos contemplados en la ley que terminó de aprobar el Senado hace poco menos de 20 días son de 2.000 millones de pesos y la posibilidad de colocar Letras del Tesoro hasta la suma de 2.500 millones, también de pesos, con vencimiento en futuros ejercicios.

Hace varios años que la provincia tiene su economía ordenada, lo que le ha permitido hasta ahora sortear con cierta solvencia, aunque con los números ajustados por la recesión nacional, la caída relativa de los ingresos por coparticipación. 

Si bien, como se dijo, Catamarca está con los números ordenados, el monto total de las deudas provinciales es preocupante, sobre todo porque está en dólares. El stock de deuda externa de todos los distritos en la moneda extranjera asciende a 12.523 millones de dólares. La apuesta de los gobernadores de los distritos más comprometidos –provincia de Buenos Aires, Mendoza, Neuquén Córdoba, Entre Ríos, Tierra del Fuego y Chubut, por ejemplo- es reestructurar las deudas como lo hizo el gobierno nacional. En el NOA buscan objetivo similar La Rioja y Jujuy.

La política de no contraer deuda, mucho menos en dólares, se flexibilizará a partir de ahora. Es que la fuerte caída de la actividad económica, un poco por la crisis que viene arrastrando la Argentina desde hace varios años y otro poco por la sorpresiva irrupción de la pandemia este año, obliga a procurar herramientas para la reactivación. 
La ejecución de obras públicas en el territorio provincial es necesaria no solamente porque son importantes en sí mismas –no tanto las que tienen valor estético como las que sirven para apuntalar el desarrollo-, pero además porque son generadoras de dinamismo económico, en un círculo virtuoso que comienza, necesariamente, con la creación de empleo.

Nada tiene de objetable el propósito enunciado por el ministro, pero tal vez convenga recordar que los ciclos de endeudamiento solo son justificados cuando no terminan financiando gastos corrientes. No es éste el caso si los fondos derivados de los créditos van a obras, pero sobran ejemplos de procesos de esta índole que comienzan con empréstitos justificados con argumentos similares a los enunciados más arriba, pero terminan cubriendo déficit de las cuentas públicas.

No es tarea sencilla conciliar políticas de responsabilidad fiscal con otras que propicien el gasto público para la realización de obras de infraestructura y la dinamización de la economía, pero el esfuerzo debe hacerse. La austeridad extrema que ahoga la economía y el gasto desmedido que genera déficit constante, son opciones que deben evitarse siempre.n

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