CARA Y CRUZ

Cumbres del grotesco

martes, 22 de septiembre de 2020 · 01:12

La polémica por el allanamiento a la quinta del ex presidente Mauricio Macri es posiblemente el más alto punto de grotesco alcanzado por los cultores de la grieta nacional, reverdecida tras una breve tregua pactada por los contendientes en el inicio de la peste para regocijo de quienes han adquirido, a fuerza de decepciones, la capacidad divertirse con ella en lugar de amargarse.
El operativo fue desplegado en la quinta Los Abrojos, ubicada en la localidad de Los Polvorines, del partido bonaerense Malvinas Argentinas, por personal de la Policía Federal que actuó en función de una disposición del juez federal de Tres de Febrero, Juan Manuel Cullota, bajo las órdenes del fiscal Jorge Sicca.
Fue luego de una reunión de Macri  con los intendentes de Pinamar, Martín Yeza; Olavarría, Ezequiel Galli; y San Antonio de Areco, Francisco Ratto. 

El encuentro alarmó a un funcionario de la municipalidad de Malvinas Argentinas, que conduce el intendente kirchnerista Leonardo Nardini, quien radicó la denuncia por una posible violación del sacralizado aislamiento social, preventivo y obligatorio dispuesto por el gobierno nacional para combatir el Covid-19.
Los efectivos tenían instrucciones de secuestrar imágenes de las cámaras de seguridad, seguramente para determinar si los participantes del tenebroso conciliábulo habían usado barbijo, respetado el distanciamiento social e higienizado sus manos cada 20 minutos.
La desmesura del procedimiento provocó la inmediata reacción del sector político que Macri lidera, o lidera más o menos, que lo inscribió en las persecuciones contra la oposición que, dice, la Casa Rosada instrumenta por orden de la vicepresidenta Cristina Fernández. Ni la potestad de perseguir le reconocen ya al presidente Alberto Fernández.

El relato opositor tenía alguna miga. Ningún kirchnerista o funcionario judicial se preocupó, por ejemplo, por los altísimos riesgos para la salud pública del agasajo que Fernández dedicó a la familia camionera Moyano, con el patriarca Hugo en la cabecera, nada menos que en la Quinta de Olivos. Debe ser que no había necesidad de secuestrar imágenes de las cámaras de seguridad, porque los propios contertulios se ocuparon de viralizar fotografías en las que aparecían de lo más chochos, sin barbijo ni distanciamiento. Se ve que la irresponsabilidad se asigna de acuerdo a la cara del cliente, o la ribera de la fractura que prefiera.
Cuando todo el mundo suponía que el papelón institucional de haber perpetrado un allanamiento contra un ex presidente por el mismo presunto delito cometido por el presidente en funciones no daba para más, los fervorosos agrietados no decepcionaron  y le encontraron nuevas vueltas de tuerca para ahondar el ridículo.
El PJ de la provincia de Buenos Aires, siempre atento a lo importante, sacó un comunicado en el que acusó a Macri de haber montado un "autoallanamiento". Remarcó que el juez Culotta es un "codiscípulo del Colegio Cardenal Newman como el ex presidente, designado, de forma irregular durante la gestión de Cambiemos". Acusó a Juntos por el Cambio de recurrir "al montaje de un autoallanamiento al servicio de la posverdad, olvidando que la mentira tiene las patas demasiado cortas y enseguida se la alcanza".

El sorpresivo giro argumental fue remachado por la mismísima Cristina, quien acuñó el neologismo “fake allanamiento” –por “fake news”, noticia apócrifa- y calificó al comunicado del PJ bonaerense como “esclarecedor”.
En el paso de comedia siguiente, Juntos por el Cambio desmintió el desmentido y viralizó una imagen de la denuncia.
"El Secretario de Seguridad de Malvinas Argentinas fue quien hizo la denuncia a la Policía. Tienen la gorra puesta”, señalaron.
Esta edificante controversia se desarrolla mientras el país oscila frente al abismo del desastre sanitario, social y económico. Del que siempre tiene la culpa, como dijo el gran Tato Bores, “otra persona”.n

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