EDITORIAL

El riesgo de la anomia

lunes, 21 de septiembre de 2020 · 01:03

Los momentos de aguda crisis son un peligroso caldo de cultivo para ciertas tendencias, que se encuentran larvadas en determinados grupos o individuos, amenazantes para la vigencia de las leyes y la democracia.

Esa amenaza recorre hoy un mundo atravesado por una pandemia que ya está a punto de cobrarse un millón de muertos y generando graves secuelas en la economía de todas las naciones. Esa amenaza se llama anomia y, si no se generan a tiempo los mecanismos previstos para ponerle un freno, siempre dentro de la razonabilidad republicana, podría llevarse puestas a instituciones de la Democracia.

Tanto en América Latina como en países europeos e incluso en los Estados Unidos, se viven de tanto en tanto jornadas cargadas de tensión, en las que hay manifestaciones públicas de oposición a medidas gubernamentales, siempre dentro de la racionalidad y la lógica de las desavenencias que son consustanciales al pluralismo social, pero también actitudes desafiantes que instan a la transgresión de las normas. 

La anomia puede entenderse como la ausencia de normas que regulan la vida en sociedad, pero también la falta de voluntad de cumplir las normas que existen.

En Argentina se han advertido, junto con brotes del COVID-19, brotes de anomia, pequeños por ahora, pero suficientes como para encender luces de alarma. Son actitudes desafiantes, más organizadas que espontáneas, a la normativa vigente, tanto la de carácter coyuntural, por ejemplo la referida a restricciones propias de la cuarentena como a otras leyes de carácter estructural y sobre temas de fondo.

Un par de episodios con fuerte impacto público se han registrado en las últimas semanas en el contexto de análisis mencionado. Uno de ellos se registró cuando un grupo de residentes de un barrio privado de la provincia de Buenos Aires se opuso, por la fuerza, aunque no hubo episodios graves de violencia, a que se efectivice la orden judicial referida al otorgamiento de la prisión domiciliaria para el empresario Lázaro Báez. 

El otro fue un conato de rebelión policial que, en el marco de un legítimo reclamo por mejoras salariales y de condiciones de trabajo, llegó a su punto de máxima tensión cuando policías, algunos retirados y otros efectivos, se movilizaron hasta la Quinta presidencial de Olivos portando banderas, carteles y también armas.

Por su parte, las marchas anticuarentena son legítimas, pues expresan el pensamiento de una porción de la población, siempre en la medida en que expresen desacuerdos pero no se erijan en proclamas que insten a la violación de las normas. 

Regla básica de la vida democrática es el disenso y la posibilidad de la expresión pública de esos desacuerdos. Ahora bien, así como atenta contra el pluralismo la prohibición y censura a las manifestaciones de protesta contra medidas o políticas, del mismo modo es condenable la exhortación a violaciones o transgresiones de normas formadas según los mecanismos previstos por las instituciones de la República.n


 

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