CARA Y CRUZ

Más irritantes en la peste

sábado, 19 de septiembre de 2020 · 01:04

De pura chiripa, posiblemente, dos hijos del diputado provincial Augusto Barros, presidente de la comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara baja, salieron sorteados en los créditos hipotecarios de la Caja de Créditos y Prestaciones Provincial en la modalidad sin terreno. 
Los afortunados fueron Eva Elizabeth y Eugenio Ernesto, quien pocos días antes de conocerse el listado de ganadores había asumido como subsecretario de Desarrollo Social de la Municipalidad de la Capital.
Este golpe de suerte de los hijos del legisladores despertó suspicacias entre los malpensados de siempre, que de inmediato pusieron a rodar versiones de una maniobra espuria de corte nepótico –como si fuera una novedad en Catamarca- , robustecidas con el hecho de que la esposa de Barros, Mabel Videla, es también directora de la Escuela de Orfebrería.

El legislador prefirió no expedirse sobre el asunto y atribuyó las críticas al veneno de la política. Como los reglamentos de los créditos hipotecarios de la ex CAPRESCA no establecen restricciones a la participación de hijos de políticos oficialistas o funcionarios, quedaba margen para la duda. Pero inmediatamente trascendió un decreto de la Cámara de Diputados, el Nº368, que concede un adicional por “responsabilidad profesional” a Augusto Amadeo Barros, otro hijo del diputado.
Augusto Amadeo es oficial principal de la Policía de la Provincia y técnico superior en Seguridad Pública. El adicional, cuyo monto el decreto no especifica, le corresponde según los fundamentos porque “es pertinente reconocer e incentivar al personal que por el cargo y funciones que ostentan tienen una responsabilidad mayor a la media del personal” del cuerpo.
Debe admitirse que el diputado Barros no se aparta de una de las más entrañables costumbres de la política lugareña, que esta de acomodar a parientes en el organigrama de la administración pública, procurarles ascensos y arrimarles beneficios. Tres hijos es incluso poco en comparación con los árboles genealógicos promovidos por otros destacados referentes del oficialismo actual y pretérito.

Lo que provocó más urticarias en su caso fue lo del sorteo de los créditos hipotecarios y que fueran dos los hijos agraciados por el bolillero, uno de ellos, encima, funcionario. En estos pandémicos y críticos tiempos, las sensibilidades están más a flor de piel que nunca y el impacto negativo de cualquier indicio de favoritismo se multiplica exponencialmente. La irritación cunde más aún entre la gente castigada por las restricciones económicas devenidas de la cuarentena, que carece de la ventaja de pasar todos los meses por el cajero a retirar sus emolumentos o estar emparentada con funcionarios  diputados. 
Los créditos hipotecarios se instrumentaron en el paquete de medidas oficiales tendientes a sostener la actividad económica en el contexto de recesión generalizada, en este caso en el rubro de la construcción. En teoría, están destinados a personas que no están en condiciones de acceder a créditos en la banca.

No se trata entonces de si los reglamentos contemplan o no que participen de los sorteos funcionarios o parientes de funcionarios tan cercanos como los hijos, sino de que los cupos obtenidos por estos se les retacean a personas que no están tan bien ubicadas. Es una cuestión de solidaridad.
En la prosperidad, quizás el incidente pasaría inadvertido, pero la cincha está ajustada y es de imaginarse cómo les habrá caído a quienes no resultaron ganadores que dos hijos de un diputado embucharan los préstamos, independientemente que esto usar el erario para favorecer afectos sea lo habitual.
Para la pandemia del nepotismo no hay cuarentena que valga.

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