EDITORIAL

No serán días fáciles

viernes, 18 de septiembre de 2020 · 01:10

A esta altura de los acontecimientos hay que decir que si el tan temido coronavirus no ha tenido circulación comunitaria en Catamarca desde que se detectó el primer caso, el 3 de julio, no fue por el comportamiento responsable de los catamarqueños sino por el arduo trabajo de los equipos de la provincia, especialmente de Salud, que ante cada brote realizan esfuerzos descomunales para identificar los contactos estrechos y aislarlos.

La ministra Claudia Palladino señaló hace un par de semanas que los catamarqueños debían prepararse para tener, durante septiembre, 10 casos diarios. No es, por cierto, que posea la bola de cristal o detente poderes adivinatorios. Solo hizo una proyección en función del aumento exponencial de los casos que se verifica en el interior del país, particularmente en las provincias limítrofes, y la aparición de brotes recurrentes que hacen cada vez más difícil un control de la expansión de la enfermedad. En la última semana el promedio de casos es un poco menor a lo anticipado, pero la evolución apunta a que el pronóstico de la funcionaria sea inferior al de la realidad en pocos días más. 

Al momento de escribirse esta columna las autoridades sanitarias continúan buscando los nexos epidemiológicos de aquellos casos cuyo origen se desconoce. Es probable, aunque no seguro, que en las próximas horas o en los próximos días se declare oficialmente la circulación comunitaria del virus. 

Podrán las autoridades disponer aperturas y restricciones alternativas, según cómo evolucionen los casos, pero la responsabilidad última es de cada uno.

La circulación comunitaria se define cuando se multiplican los casos y no se conocen los vínculos epidemiológicos entre sí, de modo que el aislamiento de los contactos estrechos es una estrategia que se debe seguir, pero que ya no garantiza el control de la expansión del virus. 

Catamarca ha sido hasta ahora una de las pocas provincias, junto por ejemplo con Formosa y Misiones, en las que los brotes fueron controlados, aunque con cada vez más esfuerzos. Y es la única en la que no hay casos fatales. Pero a medida que los días fueron pasando y el virus propagándose por el interior del país, las acechanzas contra la estructura defensiva armada con paciencia en la provincia son mayores.

Y hay que decir que el comportamiento social está lejos de ser el óptimo. Los brotes repentinos han tenido origen en conductas que desecharon los métodos de prevención repetidos hasta el cansancio: prohibición de reuniones sociales, distanciamiento social, uso de barbijo, higiene de manos, por citar solo algunos. Pero desde fines de agosto se han registrado comportamientos más peligrosos aún, pues personas que debían permanecer aislados por haber venido de ciudades con alta circulación del virus o por ser contacto estrecho de un contagiado, desdeñaron acatar las instrucciones y siguieron interactuando con otras personas. 

Ya se ha dicho en este mismo espacio que el papá Estado no puede hacer un seguimiento individual de las personas para que actúen responsablemente. Podrán las autoridades disponer aperturas y restricciones alternativas, según cómo evolucionen los casos, pero la responsabilidad última es de cada uno y de la sociedad en general. No serán días fáciles los que se avecinan en Catamarca.n

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