CARA Y CRUZ

La nalga y la jeringa

miércoles, 16 de septiembre de 2020 · 01:03

Cayó muy mal que la Federación de Clínicas y Sanatorios (FECLISA) anticipe que el sector privado de la salud no está en condiciones de recibir pacientes de coronavirus en caso de que el sistema de salud pública desborde. 
La organización catamarqueña esgrime argumentos económicos, pero su posición va a contrapelo de lo que ocurre a nivel nacional, donde se advirtió temprano la necesidad de coordinar a todos los componentes del sistema de salud para presentar un frente efectivo a la peste. 

La inquietud de los privados y las obras sociales pasaba sobre todo por la posibilidad de verse saturadas por derivaciones desde el sector público y no poder asistir a sus pacientes. Sin embargo, no se colocaron inmediatamente al margen de la crisis como, con escasa solidaridad, lo hace acá FECLISA. Falla de la OSEP, la obra social de mayor gravitación en Catamarca, que no previó lo que podía venirse.
Jorge Saavedra, vocero de FECLISA, explicó que “los módulos de las obras sociales no están en valores de ahora, cuando todo los insumos subieron un 300%; en otros casos no hay medicamentos, porque no se consiguen”. 

“Un respirador necesita medicación y esos anestésicos no hay. Faltan ampollas, no porque no las compremos sino que no hay porque se consumen en otras provincias que lo requieren. No hay ibuprofeno y lo que se encuentra está mucho más caro. Entonces es difícil que una clínica reciba un paciente con COVID-19.  Yo diría que hoy en día ninguna clínica en la provincia podría recibir un paciente con coronavirus,  es delicado”, sentenció. 

“Los insumos y el aumento desmedido de los costos es lo que nos preocupa, o pacientes que no tengan obra social y tengamos que atenderlo deberán tener un modulo especial. El costo de un paciente por COVID es delicado, gasta 10 veces más que un paciente normal”, detalló. 
Añadió que a pesar de los planteos en la OSEP sobre pedido de incremento a las prestaciones, aún no tuvieron respuestas y que insistirán con el Ejecutivo, porque se trata de una situación crítica. 
Si bien la escalada del COVID-19 en Catamarca es todavía moderada, la situación que atraviesan la mayoría de las otras provincias de la región de cuenta de la celeridad con que puede expandirse el virus y llevar al sistema al temido colapso. 

La salida de FECLISA se asemeja demasiado a un chantaje, sobre todo si se considerar lo poco que la corporación ha hecho para erradicar vicios como el cobro del plus médico, que ahí sigue tan campante a pesar de todos los discursos en su contra. Sin embargo, puede servir para plantear el tema y comenzar de inmediato a buscar salidas.
La experiencia indica que, más que la falta de aparatología, el peligro mayor los representa la escasez de personal capacitado para utilizarlos, déficit principalísimo si se considera el nivel de exposición al contagio que tienen los agentes sanitarios y la intensidad del trabajo que deben llevar adelante.

Esto quedó expuesto recientemente en Salta. Un médico residente Daniel Gatica renunció a la guardia del hospital San Vicente de Paúl, de Orán, luego de difundir en las redes sociales que tomó la decisión tras ser agredido por familiares de un paciente fallecido por coronavirus. Aseguró que no hay profesionales y el sistema sanitario de esa ciudad del Norte salteño está colapsado.

“Acá estamos todos cansados. No hay gente, necesitamos enfermeros, médicos. Hoy, en el plantel del hospital hay 21 profesionales, de los cuales cuatro somos residentes, y en los últimos 20 días estuvimos trabajando solamente siete, porque los demás se enfermaron. Eso, sumado al colapso del sistema, donde nos vimos que la oferta que teníamos fue ampliamente arrasada por la demanda de pacientes, se tornó inviable seguir”, dijo.
Este tenebroso panorama es el que debe evitarse a toda costa y demanda responsabilidad y solidaridad social.
FECLISA empezó mezquinándole nalga a la jeringa.

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