EDITORIAL

Inmigrantes de segunda

miércoles, 16 de septiembre de 2020 · 01:37

Un análisis apenas superficial de la idiosincrasia argentina es suficiente para concluir que la sociedad está atravesada por prejuicios  de toda índole, que disparan permanentemente comportamientos hostiles y actitudes de discriminación hacia algunos grupos. 

Si el estudio es más profundo y pormenorizado, concebido en función de parámetros técnicos que permitan elaborar cuantificaciones precisas, aflorarán de manera mucho más notoria los rasgos específicos de esas conductas que dañan gravemente el tejido social. De modo que resultará útil, para ese propósito, observar los resultados de un trabajo del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, conocidos recientemente.

El primer dato relevante es que el número de personas que sienten haber sufrido un acto de discriminación en el último año es altísimo: 4 de cada 10 argentinos. El segundo es que el grupo más vulnerado por estas actitudes prejuiciosas y segregacionistas son los inmigrantes. Pero no cualquier inmigrante, sino solo los de los países latinoamericanos. Desde esta perspectiva no es lo mismo un norteamericano o un europeo que reside en la Argentina, que un boliviano, un paraguayo o un peruano. Los primeros parecen ser bienvenidos; se mantiene para ellos una declamada y presuntamente proverbial hospitalidad argentina a los ciudadanos del mundo. Tal cobijo amable y condescendiente, en cambio, se transforma en rechazo para los “(no tan) hermanos latinoamericanos”, que son, para esta visión, inmigrantes de segunda categoría. 

A la hora de las argumentaciones, emerge una tendencia, fuertemente arraigada en vastos sectores medios y altos, en cuestionar a los inmigrantes de países de la región porque reciben ayuda social por parte del Estado o son atendidos gratis en hospitales, como si tales beneficios no les correspondieran también a inmigrantes de países europeos, por ejemplo, en determinadas situaciones.

Si bien de una rápida lectura de las conclusiones del estudio de mención no se avizora el pensamiento según regiones de la Argentina, ciertos rasgos xenófobos son características generalizadas en el país, no circunscriptas a determinadas ciudades.

También se detecta en el NOA, y particularmente en Catamarca, lo que debería analizarse como una contradicción cuyas causas merecen indagarse en profundidad, teniendo en cuenta que un alto porcentaje de la población norteña comparte raíces étnicas y culturales con, por ejemplo, los bolivianos y los paraguayos. Cierto pensamiento proveniente de un etnocentrismo cultural hegemónico –que ostenta como modelo al hombre blanco europeo/norteamericano- parece tener más fuerza que los rasgos identitarios históricos. Las consecuencias de esta perspectiva nos son menores: a la violencia de la discriminación y la exclusión simbólica y también práctica, se le debe sumar la ponderación como superior de una cultura y una cosmovisión del mundo que deja de lado las gestadas a lo largo de siglos en el continente.

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