EDITORIAL

El año está perdido

martes, 15 de septiembre de 2020 · 01:02

En materia económica, el Gobierno nacional parece haber llegado a la conclusión de que, como señala la sentencia popular, “el año está perdido”. No es que no se planifiquen acciones para los próximos meses, o no haya preocupación de cómo evolucionarán las variables, pero está claro que las autoridades consideran que será recién en 2021 cuando se podrán aplicar los  programas pensados y diseñados para “prender los motores de la economía”, como lo  había prometido el presidente Alberto Fernández al momento de asumir.

El 2020 no fue el año esperado. La irrupción de la pandemia del coronavirus no solamente no permitió prender motor alguno, sino que obligó a apagar otros que, aunque a media máquina, venían funcionando. Los pronósticos oficiales auguraban, en diciembre o enero, un año de transición, con la economía apenas mejorando respecto del 2019. Pero como consecuencia de la emergencia sanitaria la caída será catastrófica, del mismo modo que en la mayoría de las naciones del mundo: se calcula que del orden del 10 al 12%.

La buena noticia llegó al comienzo del segundo semestre: el acuerdo con la inmensa mayoría de los bonistas privados para refinanciar la deuda trae consigo una mayor previsibilidad, que terminará de consolidarse si es que el consenso se extiende a las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional.
No hay demasiadas pistas respecto de cuándo finalizará la pandemia, pero con o sin ella el gobierno debe trazar los lineamientos generales para el año que viene. No podrá argumentar, como este año, sorpresa por el escenario global.  

Hoy martes está previsto que el Gobierno presente el Presupuesto 2021, el primero de la gestión. Según se pudo saber, habrá un aumento significativo de los fondos destinados a Salud y a Obras Públicas respecto de lo presupuestado para este año por el gobierno de Cambiemos. Respecto de la obra pública, que es dinamizadora del empleo, el presupuesto se duplicará, alcanzando el 2,2% del PBI.

En función del sostenido crecimiento de la pobreza, que comenzó con fuerza en 2018 y se acrecentó en 2020 por la paralización de la economía, más del 60% de los recursos serán destinados a gastos sociales.

Según las proyecciones, el déficit primario el año que viene continuará alto: 4,5% del PBI. La inflación será del 28% (para 2020 se calcula que será del 32%). Pese a que se prevé un mayor crecimiento de las importaciones, la meta es lograr un superávit comercial superior a los 15.000 millones de dólares.
La clave será el crecimiento del PBI. En el proyecto de presupuesto se prevé una evolución del orden del 5,5%, que será insuficiente para compensar las pérdidas de este año. 

Se sabe que el presupuesto es un dibujo aproximado del plan general de Gobierno, pero los embates de la realidad suelen volverlo inconsistentes. El primer paso es que el programa sea enunciado con claridad y sus objetivos comunicados eficazmente. Y lo central es que, con emergencia o no, la Argentina logre tener un plan estratégico de desarrollo, que no padezca las interferencias de las disputas sectoriales ni las improvisaciones que surgen de las necesidades políticas coyunturales.
 

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