CARA Y CRUZ

Derrotero hacia la violencia

sábado, 8 de agosto de 2020 · 01:05

La imputación a Walter Arévalo, secretario general del SOEM, es otro indicio del sostenido retroceso político que experimenta desde que intentó invadir el Concejo Deliberante capitalino en noviembre del año pasado, en la apertura de una arremetida encaminada a condicionar la gestión de Gustavo Saadi, que asumiría un mes después. 
El sindicalista concurrió ayer obediente a la indagatoria, en la que se abstuvo de declarar, pero anunció a la prensa que continuará con los piquetes matutinos en las calles del centro que motivaron la denuncia penal de la comuna. 
Esta amenaza de inducir una escalada del conflicto es, desde su punto de vista, perfectamente lógica. Ayer ni siquiera tuvo necesidad de montar los micropiquetes a los que recurrió por falta de seguidores que accedieran a nutrirle manifestaciones clásicas. La propia Policía de la Provincia se encargó de clausurar el acceso al microcentro y liberarle las calles para que desplegara su egocéntrico circo que, como siempre, reincidió en los desmesurados agravios e incorporó un detalle escenográfico novedoso y encantador: féretros con el nombre de Saadi.
Tanta permisividad oficial le sugiere que el intendente está en la pelea menos acompañado de lo que podría suponerse por el alud de manifestaciones de solidaridad con él que se precipitó por las redes sociales.
Analogía demasiado trajinada: el féretro de la UCR que Herminio Iglesias quemó en el cierre de campaña del justicialismo de 1983, síntesis de la brutalidad. Diferentes actores la trazaron también ahora por el cajón de Saadi enarbolado por el “arevalismo”, que todavía se abstiene de quemarlo, pero es preciso ampliar el foco de análisis. 


Arévalo no es Herminio. Sus metas son más circunscriptas que las del caudillo de Avellaneda, se agotan en lo personal. Pretende que se lo considere un producto de las luchas populares, pero semejante retrato no rima con la realidad: el SOEM que acaudilla es un regalo que le hizo el Ejecutivo municipal, luego de salvarlo de la quiebra y sanearlo; apoltronado que estuvo tras tan cómodo trámite, cayó en la piromanía verbal y gestual. 
Es decir: Arévalo no le ganó a nadie, ni se ganó nada por sí mismo. Es un “as de cartón” y padece esta fractura entre la imagen que se empecina en proyectar y lo que el espejo le devuelve.
De tal patología son rehenes los vecinos y contribuyentes de San Fernando del Valle de Catamarca.
El anuncio de que persistirá en el conflicto es en realidad el anuncio de que seguirá con las provocaciones y bravuconadas hasta que ocurra algo que le permita conciliar su personaje con lo que realmente es. Este derrotero es muy peligroso y convendría que las expresiones de solidaridad con Saadi abandonen el ámbito virtual y se traduzcan en algo un poco más concreto desde el punto de vista institucional.


La violencia estuvo en el origen de este nuevo episodio de la zaga, con el apedreo a camiones basureros. La Municipalidad tomó los recaudos para resguardar los vehículos y garantizar la prestación del servicio de recolección de residuos, y Arévalo aumentó la tensión con los micropiquetes. Ya hubo incidentes con personas que deben ingresar al centro para trabajar, con la recriminación de una mujer furiosa por la desconsideración del energúmeno que fue muy comentada. 
Ayer le metió el condimento del féretro con el nombre de Saadi y más presión a pesar de que ya estaba notificado de la imputación judicial y citado para la indagatoria.
¿Qué pasará si alguien reacciona mal ante la prepotencia del sujeto? A esta altura es lícito preguntarse si lo que busca no es precisamente eso. Ya está chocho por haber atraído nuevamente la atención pública, acaparado la marquesina sindical, pero es insaciable; quiere más.
La prescindencia del arco institucional de la provincia lo estimula. Acá hay que modificar el refrán. En lo que a violencia se refiere, del dicho al hecho el trecho parece cada vez más corto.n

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