EDITORIAL

El desafío que viene

jueves, 6 de agosto de 2020 · 01:00

El acuerdo por la reestructuración de la deuda alcanzado el martes representa, desde lo estrictamente económico y financiero, un alivio importante en el pago de intereses para los próximos años. Pero hay otro significado, político, más ligado a lo simbólico, que es el mensaje de la Argentina saliendo del trance complicado del default y “volviendo al mundo”, que había sido una de las promesas incumplidas del gobierno de Cambiemos. 

Lograr un acuerdo beneficioso con los acreedores no era una posibilidad, sino una necesidad. Los vencimientos de deuda para los próximos años, antes de la negociación, eran claramente impagables para un país que se endeudó compulsivamente entre 2016 y 2019, que viene de varios años de caída de su economía y que ahora debe enfrentar –en este caso como todas las naciones del mundo- los efectos devastadores de la pandemia en su economía. 

El acuerdo es, de todos modos, apenas el primer paso en un todavía incierto camino de recuperación económica. Otorga un mayor margen de maniobra y gobernabilidad, y, en términos estrictamente financieros, permiten liberar recursos para fomentar el consumo y la reactivación. 

El interrogante que se abre hacia el futuro es cómo, en el nuevo escenario, la Argentina puede volver a crecer de manera sustentable para de ese modo generar las divisas que se requieren a los efectos de pagar los vencimientos de los próximos años que, aunque la reestructuración fue exitosa, siguen siendo altos. Y el otro desafío que el gobierno deberá enfrentar, paralelo al del crecimiento, es el de la redistribución del ingreso, porque el país no solo padece de una caída de su economía sino también de una distribución inequitativa de su riqueza.

La reestructuración acordada despeja muchas de las incógnitas que existían, pero, como se dijo, abre otras. Entre ellas el diseño de un plan económico a mediano y largo plazo, que era imposible de pensar siquiera en el escenario previo, cuando no se sabía cuánto ni cuándo ni cómo debía pagar el país a sus acreedores. 

El gobierno deberá ahora, ya sin el argumento de la ausencia de previsiones relacionadas con el pago de la deuda, gestar un plan económico. 

Y aunque hace poco más de un mes el presidente Alberto Fernández sostuvo, en una entrevista concedida al diario Financial Times, que no creía en los planes económicos, en verdad deberá ahora, ya sin el argumento de la ausencia de previsiones relacionadas con el pago de la deuda, en gestar uno.

Algunas pistas dio en declaraciones formuladas apenas horas después del anuncio del acuerdo. Dijo que los pilares sobre los que deberá asentarse la recuperación del país son el desendeudamiento; la acumulación de reservas; tener un dólar competitivo, lograr progresivamente equilibrio fiscal, pero no a través del ajuste de las cuentas públicas sino a partir del aumento de la recaudación; y mantener la balanza comercial positiva. 

Son, por ahora, apenas formulaciones, que requerirán de una estrategia para lograr volver a poner al país en la senda del crecimiento sustentable, un desafío más difícil aun que acordar con los bonistas privados.

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