EDITORIAL

La solución es global o no es

miércoles, 5 de agosto de 2020 · 01:09

La información respecto a la carrera por encontrar una vacuna o una cura eficaz para el coronavirus se focaliza, hasta el momento, en los procesos de experimentación y, en caso de que avancen con éxito, en los de producción del fármaco. Pero no hay todavía precisiones, aunque sí declaraciones o anhelos públicos, respecto de cómo será la distribución; es decir, cuáles serán los criterios para el acceso al tratamiento o a la vacuna.

Cuando la pandemia todavía golpeaba con fuerza en Europa y empezaba a propagarse por América del Norte y algunos países de América del Sur como Brasil, Ecuador y Chile, la Organización Mundial de la Salud se pronunció a favor de una distribución equitativa de las vacunas, cuando estén disponibles. A mediados de mayo, los delegados de la 73 Asamblea Mundial de la Salud resolvieron declarar a las vacunas y fármacos para tratar el Covid-19 como “un bien público de la salud mundial”.

Sin embargo, esta razonable posición favorable a la democratización de la cura o de una prevención masiva está encontrando resistencia en algunos grupos que son partidarios de lo que se ha denominado “Vaccination Nationalism” o “Nacionalismo de las vacunas”, que promueve la utilización de las vacunas, o los remedios, primero en los países que tengan más poder, ya sea político o económico, abandonando cualquier estrategia de cooperación.

Un anticipo a esta postura quedó claramente en evidencia cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió adquirir, a fines de junio, toda la producción mundial de Remdesivir (una droga que ha alcanzado algunos logros en el tratamiento del Covid-19) de julio y el 90% de lo proyectado para agosto y septiembre.

Además, el gran país del Norte, que tiene la mayor cantidad de casos y de fallecidos, invirtió alrededor de 10.000 millones de dólares en la Operation Warp Speed, un programa para producir cientos de millones de vacunas. La diferencia, sin embargo, respecto de otras iniciativas similares, es que en este caso todas las vacunas que se produzcan serán para consumo interno. El Reino Unido, al parecer, tendría una política parecida.

Rusia, que anunció que el mes que viene ya comenzará la producción industrial de su vacuna, anticipó que será distribuida entre la población vulnerable de todos los países del mundo. China, en línea con la posición de la Organización Mundial de la Salud, dijo que la vacuna que surja del proyecto que llevan adelante la empresa CanSino Biologics conjuntamente con el Instituto Científico Militar de ese país, será un “bien público de acceso para todo el mundo”. Habrá que ver, de todos modos, qué pasará cuando las primeras vacunas estén listas. 

Por tratarse de una pandemia que ha impactado en todas las naciones del mundo, las visiones sectoriales no deberían tener lugar. La solución es global o no es, y, por encima de las especulaciones comerciales o nacionalistas, debería colocarse el espíritu de cooperación internacional. 

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