EDITORIAL

La pandemia permanente

viernes, 14 de agosto de 2020 · 01:01

La pandemia de coronavirus ha agudizado la situación de vulnerabilidad de muchos sectores sociales. Pero sin duda los más afectados son los Pueblos Originarios del norte del país. Hace unos días se conocieron las drámaticas palabras del cacique wichí Modesto Rojas, que sostuvo: “A la pandemia siempre la tenemos, la pandemia nuestra es el hambre y la desnutrición”. Y se quejó de la asistencia que reciben del gobierno de Salta: “Ya basta de bolsones, porque hoy lo tenemos, mañana no lo tenemos, ya basta”.

Una proporción importante de las personas que integran algunas comunidades originarias no pueden ser sujetos de derecho sencillamente porque permanecen indocumentadas. El Estado, a través de los sucesivos gobiernos nacionales y provinciales, se ha mostrado ineficaz para solucionar un problema de carácter tan básico, que, como se comprenderá, tiene un impacto negativo permanente. Los propios integrantes de estas comunidades elaboraron un listado de 743 mujeres, hombres y niños que carecen de documentación, a través de un censo parcial solo realizado en algunas zonas de Salta y se lo entregaron a las autoridades en enero. Hasta el momento no hay ninguna novedad.

La condición de indocumentados, en la actual emergencia la situación tiende a agravarse, porque este déficit conspira con la posibilidad de que accedan a ayuda extraordinarias, como por ejemplo el Ingreso Familiar de Emergencia y otros programas gubernamentales.

La aplicación selectiva –y arbitraria- de las normas, juega también en contra de las estrategias de supervivencia de estos pueblos. Mientras cientos de miles de hectáreas del chaco salteño se desmontaron en los últimos años –solo en los últimos meses se desmontaron casi 10.000 hectáreas en Salta-, en gran proporción sin respetar la ley nacional y las provinciales que protegen los bosques nativos, y sin que las fuerzas de seguridad intervengan para evitar estas transgresiones que impactan en el medio ambiente, la policía salteña les prohíbe a los artesanos wichís cortar madera de los árboles.

“No nos dejan sacar madera para hacer artesanías, y al no hacer artesanía entonces la gente se muere de hambre, porque de eso vive la gente de las comunidades”, explica el cacique. Y agrega: “Cuando queremos trabajar, sale la policía rural que no nos deja sacar madera”.

Los padecimientos de la comunidad wichí son muy variados y solo encuentran alguna respuesta cuando trascienden a través de los medios. Las muertes por falta de agua potable, que se conocieron públicamente a nivel nacional, trascendiendo el ámbito regional, en enero de este año, provocaron una reacción del gobierno nacional, que construyó dos nuevo pozos que trajeron alivio, aunque no una solución definitiva, al problema.

La situación de vulnerabilidad que sufren estas comunidades debería motivar a las autoridades competentes, de todos los niveles de gobierno, a encontrar soluciones duraderas a esos problemas sin que sea necesario que los medios de comunicación revelen estos padecimientos.

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