EDITORIAL

Desaprensión con consecuencias

sábado, 1 de agosto de 2020 · 01:09

El ministro de Salud del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Fernán Quirós, dijo ayer lo que muchos piensan y no quieren decir, -o no se atreven a decir- porque suena “políticamente incorrecto”: “No hay manera de controlar lo que cientos de miles de jóvenes o millones de jóvenes hacen en un área metropolitana”. Es decir, la propagación del virus en las zonas de alta densidad poblacional se relaciona en gran medida con comportamientos sociales inadecuados, pero además incontrolables para las autoridades, porque involucran a una gran cantidad de personas, y en muchas ocasiones en el contexto de su vida privada, adentro de los hogares u otros reductos que no son públicos. “El tema son los encuentros cruzando familias o gente que no convive en el mismo hogar, en lugares cerrados, mal ventilados y sin tapabocas”, añadió.

La reflexión explica también porque resulta, cuando hay cada vez más contagios y consecuentemente muertes por coronavirus en la Argentina, particularmente en el AMBA, inviable retornar a una fase de mayor restricción en el aislamiento. Luego de varios meses de cuarentena, los controles estrictos son impracticables. Se trata, entonces, de un tema de responsabilidad colectiva más que de coacción estatal.

La alusión no es antojadiza, y de hecho horas más tarde a la definición de Quirós, el propio Alberto Fernández habló de la responsabilidad de los jóvenes para frenar el virus: como en esa franja etaria la tasa de mortalidad es bajísima, los cuidados preventivos que asumen son muy escasos, por lo que se han convertido en los principales vectores de la transmisión de la enfermedad.  

El promedio de edad de las personas contagiadas en la Argentina es de aproximadamente los 37 años, pero el promedio de edad de los fallecidos es de poco más de 75 años. Según las estadísticas oficiales, hasta el mes de julio el 83,2% de los casos confirmados tiene entre 0 y 59 años, mientras que el 82% de los fallecidos tiene más de 60. A partir de los 70 años, la letalidad del virus supera el 9,6% de los casos y es del 14,9 en mayores de 80. Los porcentajes son más o menos lo mismos en el resto de los países del mundo. Hasta los 50 años la tasa de letalidad del virus es, en promedio, del 0,2 por ciento, pero a partir de los 70 años alcanza el 9,6% de los casos y es del 14,9 en mayores de 80.

En Italia, por ejemplo, uno de los países donde la tasa de mortalidad por el COVID-19 es más alta, casi el 90 por ciento de los fallecidos tenía más de 75 años, y alrededor de 15.000 de los muertos se registraron en geriátricos. 

La desaprensión de los jóvenes tiene severas consecuencias, como puede apreciarse. Deberían comprender que el bajo riesgo de morir o tener complicaciones si se contagian no puede ser justificación para conductas inadecuadas, porque se convierten de todos modos en portadores del virus que puede enfermar gravemente, e incluso matar, a sus propios padres o abuelos.n


 

Otras Noticias