CARA Y CRUZ

Transporte en cuncuna

jueves, 9 de julio de 2020 · 01:17

En acuerdo con los sindicalistas Juan Vergara, de la UTA, y Juan Carlos Rojas, diputado y titular de los gastronómicos locales, el ministro de Infraestructura y Obras Civiles, Eduardo Niederle, acaba de perpetrar un precedente inquietante para el funcionamiento de la economía provincial, al tiempo que expuso una distorsión conceptual no menos preocupante. 
El funcionario se comprometió a sustraer del subsidio establecido para las empresas de transporte público lo que correspondería a sueldos, para que el Estado les pague directamente a los trabajadores y recién después de realizada esta operación liquidar lo que reste, si resta, a las firmas prestadoras.  

El procedimiento se ajusta a lo propuesto por Rojas en un proyecto de ley que se analiza en la comisión de Obras Públicas de la Cámara de Diputados. 
Por ignorancia o demagogia, y sería una barbaridad que se designen funcionarios ignorantes, omite considerar los motivos por los que el Estado subsidia a las empresas de transporte, que distan de la filantropía.
El precio del boleto, que decide el Estado, no alcanza para cubrir los costos de la actividad. De no mediar el subsidio, el precio debería ser mucho más alto de lo que es, y en Catamarca debe tenerse en cuenta que existe además el boleto estudiantil gratuito, también por decisión del Estado. 
O sea: el subsidio estatal no es una graciosa concesión a las transportistas, sino que está destinado a cubrir la diferencia por costos que son superiores a los ingresos de la actividad debido a las condiciones establecidas por el Estado. 
Entre esos costos, junto a los salarios, están, por ejemplo, el combustible, los repuestos de las unidades y su mantenimiento, los servicios, y es todo el conjunto el que entra en la ecuación empresaria.  
Que el Estado disponga unilateralmente de una parte significativa de esos fondos destinados a la actividad privada es un antecedente riesgoso. La jurisprudencia Nierderle habilitaría el mismo criterio para otras actividades.

El ministro se plegó al concepto desplegado por Rojas: "Pretendemos que los recursos que están aportando la Nación y la Provincia primero vayan a los bolsillos de los trabajadores, con las obligaciones que tienen las empresas, y lo que quede, que el empresario haga lo que quiera con esa plata”.
Es muy razonable. 
Importa poco si “lo que quede” no alcanza para el combustible. Tranquilamente se puede retornar a la tracción a sangre: que los colectivos sean tirados por mulas, caballos, burros o bueyes, el forraje debe ser más barato que el gasoil. Esto, salvo que los choferes acepten pechar o tirar ellos de los vehículos.
Tampoco importa si no alcanza para cambiar cubiertas o amortiguadores, total los usuarios están acostumbrados a trasladarse en condiciones hostiles.
Mucho menos ha de importar la frecuencia de los recorridos, cuyo incremento supone más erogación en combustible y desgaste más acelerado de las unidades. 
Capaz que en lugar de percherones están pensando en poner a tirar ejemplares pura sangre de carrera, epígonos del malogrado Americano.

Detalles por el estilo fueron omitidos por el ministro Niederle y sus contertulios sindicalistas, que se retiraron chochos de la vida porque los salarios que pagará el Estado, con el subsidio de las empresas, incluirán cargas sociales y, por supuesto, las cuotas sindicales de la UTA.
Claro que esto no garantiza la sustentabilidad del transporte público, tampoco que vaya a mejorar el servicio, pero bueno… todo no se puede. De última, que los choferes trasladen a los usuarios sobre sus espaldas o, dicho en catucho, en “cuncuna”.n

Otras Noticias