CARA Y CRUZ

No tan precaria

viernes, 31 de julio de 2020 · 01:03

El conflicto que tiene en vilo al municipio capitalino, fogoneado por el SOEM, obedece al reclamo de agentes precarizados que exigen el pase a planta permanente de inmediato. Si bien es comprensible el deseo de acceder a la estabilidad laboral, la comuna no está en condiciones de acceder a las pretensiones.

El derrumbe de los ingresos por recaudación propia y coparticipación en el contexto de recesión profundizada por la pandemia es un factor que conspira contra esta posibilidad, pero no el único.

Los becados de San Fernando del Valle son más de 4.000. Apenas asumió, el intendente Gustavo Saadi se comprometió a ir mejorándoles la situación de modo paulatino, conforme a la evolución de las cuentas fiscales. Es decir: aunque las dificultades para sumar a los precarizados a la planta municipal estable viene de antes de la peste, terminar con la precarización formaba parte del programa de la Intendencia.

El plan necesariamente debe adaptarse a la inesperada irrupción del coronavirus, que cambió el orden de prioridades.

En tal sentido, al repudiar los incidentes protagonizados por parte del personal de Higiene Urbana de la Municipalidad de la Capital, el gobernador Raúl Jalil dijo que “es momento de ser solidarios” y advirtió que “si hay un peso, es para los que menos tienen”.
Las manifestaciones del mandatario son pertinentes porque el programa de becas se creó durante su gestión como Intendente con el propósito de contener a sectores vulnerables desempleados. Desde entonces, la situación económica, lejos de mejorar como para ampliar los planteles de la administración pública en general, se ha tornado mucho más grave, con más pobreza y desempleo. La recesión de la economía argentina, combinada con inflación, se arrastra desde hace más de un lustro. Se agravó durante la Presidencia de Mauricio Macri, adquirió ribetes mucho más dramáticos con el confinamiento social por el coronavirus y todos los pronósticos coinciden en que el desemboque será catastrófico, con niveles de pobreza por encima del 50%.

Dar respuesta al reclamo de los precarizados, del modo que pretenden, no solo quebraría las arcas del municipio, sino que implicaría eliminar la asistencia social a sectores que atraviesan situaciones mucho más desesperantes que la de ellos.
Por el trabajo que cumplen, los becados de Higiene Urbana cobran más que el resto, alrededor de unos $14.000 mensuales.
Es demasiado poco, pero hay un detalle que quienes inducen la protesta omiten maliciosamente.

Por las características del programa municipal, los precarizados municipales están en condiciones de cobrar también el subsidio de $10.000 del Ingreso Familiar Extraordinario (IFE) –adicional establecido por el Gobierno nacional por la pandemia- y lo que les corresponda por la Asignación Universal por Hijo, además de tener acceso a la tarjeta “Alimentar”. No quedan exentos de ninguno de los sistemas de asistencia social nacionales y provinciales.

Si se suman estas entradas, ha de convenirse que están en condiciones mucho más favorables para aguantar la crisis que otros sectores, incluidos algunos dentro de la propia administración pública.

Ni que hablar del interior: el Gobierno empezará en agosto a girar aportes a las comunas que los necesiten para que ningún municipal cobre menos del salario mínimo vital y móvil, que es de $16.870. Solo con el IFE los precarizados capitalinos superan esa cifra.

El trabajo de los becados de Higiene Urbana, aparte, no es por horario, sino por “objetivo”: una vez que cumplen la recolección en el área que les toca, quedan liberados.

Si se consideran estos elementos,  los "precarizados" no están en situación tan precaria.

La virulencia de la protesta es todavía menos justificable y, dado que apunta a tomar de rehenes a los vecinos de la ciudad con la interrupción del servicio de recolección de residuos –los camiones deben circular custodiados por la policía-, se convierte en un liso y llano chantaje.

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