EDITORIAL

La descalificación del otro

jueves, 30 de julio de 2020 · 01:00

Las controversias sobre temas diversos, desde las nimiedades hasta las cuestiones de fondo, son saludables y hasta consustanciales a la naturaleza humana. La homogeneidad generalizada y perpetua no solo es imposible, sino también no deseable, pues la uniformidad propicia la mediocridad y restringe la expansión de las ideas, que suelen progresar a partir del debate que surge de las diferencias de criterios.

Pero ese progreso es posible si se construye sobre coincidencias parciales, sobre admisiones y reconocimientos de las opiniones ajenas que hacen avanzar el debate en una suerte de espiral ascendente. Desde esta perspectiva, lo controversial resulta proactivo.

Sin embargo, las diferencias en la Argentina solo ocasionalmente tienen el abordaje descrito. En términos generales prevalece la descalificación de la opinión del otro, y aún más: la descalificación del otro a partir de su opinión.  Contaminados por el discurso del odio, o ciertos rasgos predominantes de él, los actores que apelan a esta estrategia anulatoria del oponente avanzan aún más y consideran al prójimo como un potencial enemigo, ya no solo por motivaciones subjetivas sino hasta por razones objetivas: lo atacan por lo que piensan o dicen, y hasta por lo que son.

Se le atribuye a la periodista italiana Oriana Fallaci, que entrevistó al dictador Leopoldo Galtieri durante la guerra de Malvinas, el concepto de “enano fascista” para caracterizar cierta compulsión de los argentinos a la reprobación tajante, y con componentes incluso de violencia, del que piensa distinto. Al parecer, no hay pruebas documentales de que la periodista haya pronunciado esa expresión, pero de todos modos la idea ha quedado incorporada a la cultura política nacional, tal vez para auto-caracterizarnos, conscientes de ese defecto que no es de origen, sino de construcción permanente.

Daniel Feierstein, doctor en Ciencias Sociales e investigador del Conicet, escribió el libro La construcción del enano fascista (los usos del odio como estrategia política en la Argentina)  advierte que los rasgos propios del enano fascista en la actualidad se encuentran en una serie de grupos de presencia activa en la sociedad, medios y redes sociales. Sostiene que el “enano fascista” es un “concepto en construcción”.

“El odio requiere ser pacientemente construido en cada uno de nosotros –dice Feierstein- , ni los argentinos ni los seres humanos nacemos con un ´enano adentro´ (…) es la capacidad de utilizar lo peor de nosotros en busca de deshumanizar a los demás y quebrar la solidaridad y las formas de cooperación que también existen como parte de nuestro modo de ser”.

Quizás el primer paso para empezar a revertir la tendencia a la descalificación del otro, o de la opinión del otro, sea el reconocimiento que a cada uno le corresponde en la detección de los comportamientos propios impregnados de intolerancia.  Solo de ese modo se podrá empezar la tarea de reconstruir la deteriorada trama social en la que se dirimen las más variadas disputas.

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