CARA Y CRUZ

Cara de hereje

jueves, 30 de julio de 2020 · 01:01

La síntesis del primer encuentro oficial entre la CGT y la Asociación Empresaria Argentina (AEA) adoptó formato de ruego: pidieron a la Casa Rosada definir “una orientación” que atenúe incertidumbres en el escenario económico y social, agravado dramáticamente por la peste. Lo modesto de la aspiración indica que los actores asumen que el horno no está para bollos.
Toda una novedad en la crispada historia nacional.
Debe haber muy pocos antecedentes, si los hay, de encuentros formales entre representantes de organizaciones empresarias y la central sindical que no hayan sido propiciados por el Gobierno.
En este caso el Gobierno, ocupado en la grieta, no tuvo ninguna participación.
La reunión fue el corolario de contactos entre empresarios y sindicalistas alarmados por el derrotero de unos acontecimientos que los obligan a deponer diferencias para tratar de mantener a flote la actividad.

 

La necesidad tiene cara de hereje: fueron los gremios, muy resentidos en su financiamiento por el avance del trabajo informal, los que propusieron institucionalizar el encuentro y emitir un pronunciamiento conjunto.
Los sectores gastronómico, hotelero y turístico, particularmente castigados por la recesión pandémica, habían hecho punta con una manifestación a la Plaza de Mayo en la que el secretario general del sindicato, Luis Barrionuevo, marchó codo a codo con los empresarios para exigir respuestas.
La CGT y la AEA señalaron pocos días después que es necesario establecer consensos que permitan delinear futuras políticas y recordaron que la actividad privada es la encargada de la producción y distribución de bienes y servicios en la Argentina.
En este sentido, consideraron que es indispensable ampliar el sector formal de la economía, que se ha achicado significativamente, y fundamentalmente el número de trabajadores formalizados.

 

Aunque entienden que es muy difícil en el corto plazo, debido a la profundidad de la crisis y los gastos que debe afrontar el Estado por la pandemia, coincidieron en que también serían saludables al menos “señales” de una tendencia a reducir la presión tributaria.
No formó parte de la agenda conjunta, en cambio, un tema medular si la intención es potenciar la economía formal y la actividad privada: la legislación laboral argentina es uno de los principales obstáculos para la inversión, dada a litigiosidad exacerbada que promueve.
Al contrario de lo que se supone, en función de prédicas interesadas, perjudica a las pequeñas y medianas empresas, expuestas a la quiebra en cualquier juicio. Las grandes tienen mayores espaldas económicas y financieras para zafar y emigrar. En cuanto las cosas se complican, cierran y a otra cosa.

 

De todos modos, es importante que los dos sectores remarcaran “el papel clave de las empresas privadas y sus cadenas de valor en el proceso de desarrollo y especialmente para la salida de esta crisis” y pidieran “políticas públicas destinadas a movilizar la capacidad productiva y las exportaciones de bienes y servicios”.
Para empresarios y sindicalistas, hay que “profundizar el diálogo con otros sectores de la sociedad, de modo de avanzar en la formulación de consensos básicos que den lugar en el tiempo a la implementación de políticas específicas. Ello se hace aún más urgente en vista a la crítica situación económica y al esfuerzo enorme que implicará mantener en actividad al dispositivo productivo y al empleo formal en el país. En efecto, Argentina viene de muchas décadas de un mal rendimiento económico, a lo que se adiciona el impacto muy negativo de la pandemia. Es sólo con el esfuerzo de todos que podrán iniciar un proceso de recuperación”, plantearon.

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