EDITORIAL

Oportunidad para un federalismo en serio

viernes, 3 de julio de 2020 · 01:02

El dibujo de los contagios del coronavirus en la Argentina sigue los contornos de la realidad demográfica y territorial. A nadie le puede extrañar que la inmensa mayoría de los casos del COVID-19 se den en el AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires), una pequeñísima porción del territorio nacional que alberga, sin embargo, al tercio de los habitantes de la Argentina. Tiene una densidad poblacional de casi 3.500 habitantes por kilómetro cuadrado (la Ciudad de Buenos Aires más de 14.000) cuando la Argentina, en promedio, posee apenas 16 habitantes por kilómetro cuadrado.

Desde hace más de un siglo y medio nuestra Nación crece de manera deforme, concentrando población en torno al puerto capitalino, mientras inmensas regiones con potencialidades productivas intactas están casi vacías. El Noroeste argentino, por ejemplo, que fue escenario de un crecimiento de envergadura en materia económica y social durante la primera mitad del siglo XIX y que de a poco fue perdiendo peso productivo, en términos relativos, respecto del contexto nacional, tiene mucho para dar. Pero requiere de inversiones que los Estados subnacionales no pueden afrontar.

El precepto de “gobernar es poblar” de Juan Bautista Alberdi se ha cumplido de una manera absolutamente parcializada, produciendo distorsiones que ya asumen el carácter de históricas y estructurales, y que asoman como restricciones severas para el desarrollo nacional.

En la ciudad de Buenos Aires se concentra no solo la población, sino también la riqueza, la infraestructura pública y la calidad de los servicios, entre otros múltiples beneficios. Aunque esté integrado por muchas jurisdicciones, el peso electoral que tiene el AMBA para la elección de autoridades nacionales es decisivo, lo que le otorga a este conglomerado, además, un poder político muy superior al de otros distritos.

Los privilegios de vivir en la capital de la República se ven, no obstante, opacados ahora por la cuarentena estricta que deben cumplir los habitantes de esa ciudad y los de los partidos del Gran Buenos Aires. Los privilegiados, en estos momentos excepcionales, son quienes habitan las provincias que no tienen circulación comunitaria del virus y que paulatinamente se van encaminando hacia lo que se denomina la nueva normalidad.

Las inevitables transformaciones que traerá aparejada la pandemia deberían encauzarse virtuosamente. Es decir, procurar que los nuevos escenarios provoquen avances y no retrocesos. Por ejemplo, en términos de federalismo. Como se dijo al comienzo, el mapa de los contagios sigue la lógica de la concentración demográfica, y ésta se configura a partir de las oportunidades de desarrollo individual y colectivo. No es una información que a los argentinos se les haya revelado ahora, pero puede servir para insistir en la necesidad de reformular los criterios de distribución del ingreso, la riqueza y las inversiones públicas nacionales con un sentido de mayor equidad territorial.

 

Otras Noticias