opinión

Cruzau, como poncho mal hecho

miércoles, 29 de julio de 2020 · 01:00

Nuestra querida Fiesta Nacional del Poncho este año cumpliría 53 años, aunque no se lleve a cabo por el COVID-19. Reafirmo lo de “nacional” y no “internacional” como algunos -pocos gracias a Dios- se empecinan tontamente en denominarla. Digo cumpliría, porque tuvo sus avatares y según el criterio que se tome, es la edad que tiene.

Desde mediados de la década del ‘50 se venía llevando a cabo un Festival del Tejido, pero nació formalmente en 1967. En 1974 no se llevó a cabo por la muerte de Perón y la crisis social y política que se vivía; en 1975 se suspende el festival folclórico y solo se lleva a cabo una muestra artesanal y una sola noche de espectáculo folclórico; en 1976, por la instauración de la dictadura militar hubo una feria de artesanos; en 1982 se suspendió el festival folclórico por la guerra de Malvinas y en 2009 se realizó en agosto por la epidemia de Gripe A.

Vamos al grano: los cambios generalmente son siempre bienvenidos, son parte de la existencia de las cosas.
En realidad, son bienvenidos cuando suman, mejoran, aclaran u optimizan.
Por otro lado, los cambios siempre generan opiniones, a favor y en contra.

Las autoridades del Ministerio de Cultura y Turismo, responsables este año del Poncho, se abocaron, según lo publicado en los medios de comunicación locales, a producir cambios en el Poncho.
Veamos qué dicen:
• Hay que presentar una nueva cara del Poncho.
• Hay que poner en valor su historia, tradición y trayectoria, consolidando su valor patrimonial y esencia cultural a través de un lenguaje visual actualizado y buscando una propuesta distintiva que se apoye en un logotipo como eje central de la nueva imagen.
• Hay que renovar la imagen de la marca, imagen visual y sistema gráfico audiovisual para que:
• Represente los valores de la historia del Poncho.
• Permita conjugar lo ancestral y contemporáneo con las manifestaciones culturales que giran en torno.
• Se valore -a través de íconos destacados- su más alta esencia tradicional (el poder de la tradición), pensando en su proyección y reconocimiento nacional e internacional.
• Se apoye la promoción y comunicación de la Fiesta.

Para lograrlo se habría conformado un equipo de diseño/usina de ideas integrados por el equipo de comunicación del Ministerio de Cultura y Turismo. Luego de realizado su trabajo fue presentado y es el que estamos conociendo a través de distintos medios.

Desde el punto de vista técnico es interesante todo lo relacionado con la adecuación a los nuevos formatos o aquellos innovadores, en un lenguaje visual actualizado a los requerimientos de estos tiempos y el despliegue de o en los modernos recursos, plataformas y/o sistemas digitales de comunicación, así como redes sociales, contenidos cinéticos, etc., conforme a lo que se puede ver en internet.
La cuestión pasa por “la madre del borrego”. Es decir, la génesis que desencadena todo el despliegue tecnológico:
El diseño madre u original.

Como el Poncho es de todos y como catamarcano genuino, tengo la posibilidad de opinar.
Desde hace muchos años el creativo a cargo de la imagen del Poncho siempre fue el artista, diseñador gráfico publicitario, ilustrador y realizador audiovisual catamarcano Fabián Martinena. Acorde a la constante evolución, maneja diferentes soportes expresivos que le permiten dominar un importante abanico de posibilidades.

Sus diseños, cargados de una fuerte identidad, movimiento, transmisión clara y sencilla de la idea, del objeto y del sujeto fueron y son un sello identitario de nuestra Fiesta Nacional del Poncho (FNP). La gráfica destacaba rápidamente de manera lúcida y natural todo eso -expresado precedentemente- y que ahora quieren decir.
Haciendo un preliminar análisis de la gráfica del logotipo eje central de la nueva imagen, se me ocurren varias cosas: no lo entiendo ni puedo tener una lectura de lo que se quiere decir o vender y no me siento representado como catamarcano “dueño del Poncho”.

Más o menos el 50% de la superficie es negra (supongo será el cielo catamarcano, pero tengo mis dudas), un 25% naranja (supongo será una ladera, pero tengo mis dudas) y el otro 25% azul tipo Francia (supongo será otra ladera, pero tengo mis dudas).
En medio de esa nada superior negra, flotan sin orden, dirección ni ritmo, seis figuras sueltas: un poncho naranja estilizado, una guitarra criolla realista, una réplica de una pieza cerámica casi hiperrealista, una pareja danzando en una curiosa estilización y un niño vestido con un ponchito, casi fotográfico. Algo muy ecléctico. Víctor Cousin y Ortega y Gasset, agradecidos.
Eligieron cuatro colores: naranja, azul, blanco y amarillo, aunque por ahí se cuela un gris.

¿Y el marrón catamarcano? Fue.
En el centro colocan cuatro actividades/perfiles/ejes. Como todo es mensaje, debo interpretar que lo más importante de la FNP es lo que está primero: música: Error. Le sigue en orden de importancia: gastronomía. Lo más importante y eje de la FNP, es decir, las artesanías, está en tercer lugar y las danzas en cuarto.

En el costado derecho observamos la figura central identitaria. La palabra “poncho” está resuelta con una tipografía que toma como base el cuadrado y el círculo y con un rebuscado juego de ángulos redondeados. Si va a ser instalada en publicidad callejera: frenadas y choques para entenderla.

Esta base se complementa con imágenes en movimiento que funcionan como satélites o complementos: tejiendo una prenda anaranjada y azul, danzando (la dama con tacos aguja, of course), sirviendo vino y zapateando, eso sí, meta bombo con un malambo (pero ¡ojo! Lo que se escucha de música parecen ser boleadoras, plantas y tacos de botas, algo así como un contragolpe al ritmo del malambo. El malambo es Do-Re-Sol y le meten golpes que van en el medio del compás musical). Pero… muchachos, si quieren identificar musicalmente a Catamarca, vayan al manual: vidala y/o zamba.

El problema radica en que cuando nos envalentonamos con las teorizaciones conceptuales modernosas, nos olvidamos de lo principal: el destinatario: que es nada menos y nada más que la gente.
Muchachos, impriman un manual de instrucciones para entenderlo.
Perdón, marrón, ¡puro y auténtico color catamarcano!
Perdón, Poncho.

Eduardo Aroca
CATAMARCANO. ESPECIAL PARA
EL ANCASTI

 

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