editorial

La emergencia quema los papeles

sábado, 11 de julio de 2020 · 01:10

Los economistas, que suelen hacer muy buenos análisis de cómo sucedió lo que sucedió, tropiezan sin embargo con dificultades a la hora de pronosticar lo que sucederá. Y esto ocurre porque siempre hay factores no contemplados debidamente, inesperados tal vez al momento de formular los vaticinios; porque la economía no es una ciencia dura sino condicionada por decisiones humanas cargadas de subjetivismo, y también porque en no pocas ocasiones cierto dogmatismo les impide flexibilizar sus principios teóricos, que la realidad sacude y deja maltrechos de cuando en cuando.

En épocas de crisis global como la actual, provocada o agravada por la pandemia, las dificultades para el pronóstico son aún mayores. Las situaciones de emergencia queman los papeles y hasta el más liberal en materia económica o pro-mercado puede convertirse, en un abrir y cerrar de ojos, en un promotor entusiasta del Estado como regulador de la economía. 

El Fondo Monetario Internacional, que se ha caracterizado siempre por sus recetas de ajuste fiscal, emitió un documento ayer en el que desaconsejó recortar el gasto público porque una medida de esa naturaleza sería contraproducente para la recuperación de la economía de todas las naciones en el corto plazo.
Gita Gopinath, economista jefe del Fondo, y Vitor Gaspar, director del Departamento de Finanzas Públicas, avisaron que va a ser necesario que el gasto público siga “estando de apoyo y que sea flexible hasta que se haya asegurado una salida duradera de la crisis”.

Son los Estados de todo el planeta los que han intervenido decididamente para asistir a los sectores de mayor vulnerabilidad y para inyectar dinero en las economías de los países para evitar un derrumbe sin precedentes. Eso ha provocado un crecimiento impactante de la deuda pública global, que en este 2020, según los números que maneja el propio FMI, alcanzará su máximo histórico y sobrepasará incluso el tamaño de la economía mundial. El déficit conjunto de los Estados será, si por fin estos pronósticos se cumplen, cinco veces mayor de lo estimado por el organismo para este año antes de que empezara la pandemia del COVID-19.

“Si bien la trayectoria de la deuda podría seguir aumentando, una reducción de la presencia fiscal más temprana de lo justificado representa un riesgo aún más grande para la recuperación, con mayores costos fiscales a futuro”, señala el documento del organismo multilateral, con inusitada prédica heterodoxa, impensable apenas meses atrás. 
También el Gobierno argentino ha sacrificado su objetivo inicial de no expandir el déficit fiscal en aras de evitar una mayor caída de la economía y proteger a los sectores vulnerables. Por cierto, la estrategia, aunque necesaria en esta etapa, no será gratis: compromete a futuro la salud de las finanzas públicas y amenaza con un rebrote inflacionario. Por eso, cuando la pandemia pase, habrá que revisar otra vez todas las estrategias.n


 

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