EDITORIAL

Con la admiración no alcanza

El presidente Alberto Fernández, en su visita del miércoles a la provincia de Santa Fe...
viernes, 10 de julio de 2020 · 01:10

El presidente Alberto Fernández, en su visita del miércoles a la provincia de Santa Fe, se manifestó como “un enorme admirador de la economía cooperativista”, al que calificó como “un sistema muy solidario, equilibrado y que definitivamente expresa un capitalismo más humano”.  Se diferenció, de esa manera, de su predecesor Mauricio Macri, que, por su propia formación como dirigente y empresario, tiene una visión muy diferente del funcionamiento del sistema económico.

De todos modos, formular declaraciones pontificando la economía cooperativista es fácil. Lo difícil, o más complejo, es generar estrategias políticas que las apuntalen y las hagan sustentables. 

Habrá que esperar, entonces, a que la pandemia pase, o al menos morigere su impacto, para saber qué estrategia tiene el Gobierno nacional asumido hace siete meses. Mientras dure la emergencia con su actual intensidad, y mientras no se cierre el capítulo de la negociación con los acreedores, no es posible conocer con precisión cuál será el plan económico del Gobierno nacional.

Pese a que hay cooperativas de todos los tamaños y de todas las actividades, por definición son “asociaciones voluntarias de personas que persiguen la satisfacción de sus necesidades a través del trabajo conjunto, responsable y solidario, y la gestión democrática y autogestiva de sus recursos”. Por principio, deben ser estructuras horizontales tanto en lo que respecta a la toma de decisiones como a la distribución de las ganancias. Pero solo en principio, porque muchas cooperativas que nacieron bajo estos criterios, cuando fueron creciendo se convirtieron en megaempresas con muchos socios como propietarios, pero con cientos de empleados que no participan de esa estructura horizontal.

Los promotores del cooperativismo sostienen que las épocas de crisis como las que se vive actualmente, en la que se conjuga una difícil situación económica que se arrastra desde hace años por razones endógenas, con graves problemas derivados de la pandemia y que afectan a la economía globalizada, son propicias para fortalecer el movimiento asociativista. De hecho, muchas cooperativas florecieron, y con los años se consolidaron, luego de la crisis de 2001 y 2002. Muchas de ellas se formalizaron a través de gestiones de fábricas recuperadas. 

Es que en situaciones complejas los esfuerzos individuales, que pueden ser viables en tiempos de prosperidad, resultan insuficientes. Las asociaciones, entonces, aparecen como herramientas idóneas para potenciar esos impulsos. Para que sean viables, de todos modos, no basta con el voluntarismo de los cooperativistas. Se requiere, además, de una política promocional de parte del Estado, que incluya por ejemplo nuevas normativas y líneas de créditos específicas para apuntalarlas y garantizarle sustentabilidad. Está claro que la admiración presidencial al movimiento cooperativo es importante, pero no alcanza.

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