EDITORIAL

No es un error menor

miércoles, 1 de julio de 2020 · 01:03

La propagación de rumores y noticias falsas se ha incrementado de manera exponencial en los últimos tiempos. No necesariamente por la aparición del Covid-19, porque se trata de un fenómeno que se viene acentuando desde hace años por el peso también creciente de las redes sociales, aunque la pandemia haya contribuido a sumar un tema que atraviesa a toda la humanidad y sobre el cual se diseminan versiones que en demasiadas ocasiones poco tienen que ver con la realidad.

Ya se ha dicho que si es preocupante que los usuarios de redes sociales hagan circular datos falsos o tergiversados sobre determinados hechos, que los que impulsen esa falsedad sean medios de comunicación se convierte en un tema grave. Hecha la reflexión, es preciso señalar con el mismo énfasis que, aunque algunos contribuyen con su escaso rigor periodístico al impulso de fake news, en términos generales los medios son fuente de información que la gente reconoce como confiables.

En lo que va de la pandemia se han difundido numerosas versiones a través de redes sociales que daban cuenta, de una manera alarmista y peligrosa, de la posibilidad de detección de casos de coronavirus en Catamarca. Alguna, incluso, los primeros días de marzo, cuando recién empezaban a aparecer algunos contagios en otras ciudades argentinas. Está de más decir que se trataba de rumores infundados, pero generaron zozobra en una sociedad sensibilizada por la aparición de una enfermedad desconocida y con una velocidad de propagación impactante.

Los medios de comunicación, salvo contadas excepciones, se erigen en referencias inevitables para la constatación de la veracidad de las informaciones que circulan sin mención de fuentes confiables. Multimedios Ancasti ha asumido un rol clave que la comunidad reconoce a diario. Noticias falsas o rumores infundados que amenazaban con hacer escalar el miedo y la angustia, tuvieron su freno ante la explicación de lo que verdaderamente sucedía, valor agregado a la información cruda y despojada de datos confiables que se logra solo a través del diálogo con las fuentes calificadas.

La tarea de control sobre la veracidad de la información encuentra en el periodismo al principal actor. Pero los ciudadanos comunes deben asumir también una perspectiva crítica de la información circulante. Hay modos “caseros” o no profesionales de chequear la autenticidad de los contenidos. No todas las informaciones de origen dudoso pueden ser verificadas de esta manera, pero es posible observar la razonabilidad de lo que la “noticia” dice, buscar en internet referencias del tema pero avaladas por medios serios, entre otros recursos para desbaratar las fake news. 

Compartir a través de redes o servicios de mensajerías informaciones falsas, sobre todo si se refieren a temas de importancia o de interés general, complica la toma de decisiones correctas entre los ciudadanos. No es, en estos casos, un error menor que luego subsanarán los medios, sino una contribución peligrosa a la confusión general.

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