EDITORIAL

Víctima, no engranaje

lunes, 29 de junio de 2020 · 01:04

Resulta imperativo, para avanzar en un enfoque apropiado en lo que respecta a la lucha contra el narcotráfico, diferenciar claramente lo que es la actividad criminal del tráfico y venta de drogas ilegales, del consumo y las adicciones. El primero enfoque requiere de un abordaje desde la seguridad, con un trabajo muy bien coordinado entre la policía y la Justicia. El del consumo y las adicciones, un abordaje desde la salud pública, con estrategias preventivas y asistenciales muy bien diseñadas.

Es uno de los temas que se debate este año con especial énfasis en el contexto de la celebración del “Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas”, que instituyó en el año 1987, para todos los 26 de junio, la Asamblea General de las Naciones Unidas.

La tendencia a establecer esta diferenciación, que es básica por otra parte, viene profundizándose en las últimas décadas en todo el mundo. Es un absurdo considerar al consumidor como un engranaje del negocio delictivo. Es, en todo caso, la víctima, una persona enferma que el Estado no debe perseguir, sino rehabilitar. 

Sin embargo, persisten sobre todo en las fuerzas policiales, pero también en algunos bolsones de la Justicia, prácticas que van en contrario de esta perspectiva. Son muy comunes los arrestos de personas a los que se les incautan cantidades mínimas de droga, lo que indica evidentemente que se trata de dosis destinadas al consumo personal y no a la venta ilegal. A veces hasta se inician causas judiciales cuyo destino es inevitablemente el archivo, pues ningún juez condenaría a una persona a la que se le hallaron, por ejemplo, dos cigarrillos de marihuana. Pérdida de tiempo, de recursos, y una persecución del adicto, que requiere del Estado no el calabozo de una comisaría, sino un consultorio y atención de especialistas.

El abordaje del consumidor-adicto debe guiarse por una perspectiva de Derechos Humanos y teniendo como referencia legal, no el Código penal, sino la Ley Nacional de Salud Mental. 

El énfasis debe estar puesto en la prevención del consumo, lo que implica, entre otros aspectos, considerar con detenimiento el contexto social en el que los chicos, en algunos sectores prácticamente desde la infancia, y en otros desde la adolescencia, empiezan a consumir drogas ilegales, pero también psicofármacos y alcohol. El tratamiento a adictos es la última opción, la más difícil y la más costosa, con resultados no siempre satisfactorios.

Evitar este acceso desde edades tan tempranas requiere de una acción coordinada entre el Estado y organizaciones de la sociedad civil. Pero también es responsabilidad de los padres o círculo afectivo próximo de los chicos no tolerar el consumo, que en las edades mencionadas son siempre peligrosos y no puede hablarse de moderación.

Tejer una red de contención de los potenciales adictos antes de que ingresen a esos hábitos perniciosos, es un desafío del que el Estado y las instituciones sociales no deben nunca desistir.n

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