Mirador político

Pulsiones medievales

Uno de los aspectos positivos de ser, hasta el momento, el único distrito libre de coronavirus...
domingo, 28 de junio de 2020 · 01:14

Uno de los aspectos positivos de ser, hasta el momento, el único distrito libre de coronavirus, es la represión de inquietantes pulsiones medievales que al parecer cunden en gran parte de la sociedad catamarqueña. 

No han podido descargarse todavía sobre desafortunadas víctimas de la peste, pero las destempladas e irracionales reacciones a la mera posibilidad de que el sistema de salud local tenga que entrar en cadena con los de otras provincias y el nacional si la evolución de la peste lo demanda indican que sostener el cero conviene no solo por motivos sanitarios. La pérdida de la virginidad virósica podría precipitar un brote de estigmatizaciones, ostracismos y hasta linchamientos si algunos energúmenos encuentra por fin blancos para canalizar instintos y proyectar terrores, como ocurrió en otros parajes presuntamente civilizados durante esta pandemia.

Lo del gobernador Raúl Jalil fue la única respuesta humanitaria posible a una pregunta deslizada en conferencia de prensa. El mandatario consideró que, si los sistemas sanitarios de otras provincias colapsan, Catamarca se comportará solidariamente. 
"Debemos ser solidarios como son con nosotros. No descarto que La Rioja o Tucumán nos ayuden cuando necesitemos, y nosotros ayudarlos a ellos en caso de que nos necesiten. También a los hermanos chilenos. Creo que tenemos que entender que vivimos en un solo mundo", dijo.

El párrafo desencadenó un alud de recriminaciones alarmadas. El carácter apocalíptico de la mayoría de ellas arrasó con cualquier vestigio de sensatez. 

La oposición creyó encontrar un estribo para empinarse, presentó propuestas parlamentarias para prohibir el ingreso de pacientes de coronavirus y se puso a recolectar firmas para promover una consulta popular, comportamiento que fue replicado con sentidas apelaciones a la solidaridad de usinas oficialistas que pocos días antes habían caído como avispas sobre el intendente belicho Daniel Ríos y el diputado del mismo origen Genaro Contreras por andar con un reo de coronavirus.

Espectáculos circenses y especulaciones facciosas articuladas sobre el terror a la peste que se viene promoviendo desde su aparición.

Algunos oficialistas estimaron que las manifestaciones de Jalil fueron inoportunas desde el punto de vista político, porque detonaron una polémica superflua. Puede ser, pero arrojaron en contrapartida el beneficio de exponer un aldeanismo conceptual tan extendido como decepcionante.

Como en las pestes de la Antigüedad y el Medioevo, sobre alguien hay o habrá que cargar las culpas por eventuales infortunios. Si la furia de los dioses lo requiere, procede el sacrificio.

Pensamiento mágico
Los dislates prosperan por las dificultades para establecer explicaciones epidemiológicas a las disposiciones tomadas por el COE local en el afloje de la cuarentena. 

La estrategia oficial es sinuosa y se anuncia sin explicar a qué criterios científicos obedece, lo que demanda una confianza ciega en la sabiduría de los funcionarios. Este salto de fe se facilita por la ausencia de casos pero, para desgracia del Gobierno, la gente atribuye el fenómeno antes a la protección de la Virgen del Valle que a la competencia sanitaria de las autoridades.

Tras muchos cabildeos, por ejemplo, se habilitó el funcionamiento de locales gastronómicos, bares entre ellos. Primero hasta las 22, vaya a saberse por qué; tal vez alguna divinidad informó a los elegidos que el virus se ponía a contagiar con más entusiasmo recién a partir de esa hora, noctámbulo como más de uno. Después, del mismo modo misterioso, el horario se extendió hasta las 24, para bajarlo a continuación a las 23. Partamos la diferencia al medio, habrá dicho el funcionariato ante las quejas de los bolicheros perjudicados por la decisión de mermarles tiempo de trabajo.

No obstante las restricciones a la gastronomía, se permitió el funcionamiento de los albergues transitorios. Los dispositivos para controlar que se cumplan los protocolos en estos entrañables refugios estimulan la curiosidad de los morbosos. Voyeurs y chismosos vocacionales ofrecieron servicios gratuitos para tal misión, pero fueron rechazados.

También se habilitaron las salas de juego sin mayores justificativos infectológicos. Debe ser que a partir de este mes no habrá colas para cobrar el subsidio IFE, de modo que pueden permitirse las colas de los aficionados a la timba, de una largura notable.

El plazo de enclaustramiento impuesto a los provenientes de distritos apestados se estableció en 28 días al principio, cuando ya era sabido que los síntomas se manifestaban a los 15. De ahí fue bajando.

Los camioneros son impelidos a atravesar el territorio de la provincia sin descender de sus utilitarios, así necesiten aliviar la vejiga en la desolación de las Salinas. Llegaron a fajarles las puertas para asegurar el cumplimiento de la orden.

Mientras, muchedumbres circulan sin inconvenientes, mayormente embarbijadas, aunque los voceros oficialistas insistan con lo de mantener el distanciamiento y tratar de quedarse en casa.

Que los vaivenes reglamentarios se fundamenten contribuiría a marcar una relación de causa y efecto entre la política de prevención y los resultados obtenidos, como para que no se diga que el COVID-19 no entra de pura suerte. Esto robustecería el consenso en torno a las medidas, atemperaría en consecuencia los esfuerzos para hacerlas cumplir sin necesidad caer en un Estado policíaco y, de paso, contribuiría a la educación popular en el demorado proceso de ir soltando los lastres del pensamiento mágico.

Por las histéricas reacciones a las manifestaciones de Jalil, se ve a donde puede llevar esto de depositar la confianza más en influjos milagrosos que en la solvencia humana.

No es exageración. 

En Paraná, el vicario de la diócesis hizo un exorcismo contra el coronavirus durante una misa celebrada en la Catedral, tras admitir que “justamente somos afligidos por nuestros pecados y padecemos la epidemia del coronavirus”. Esto es: equiparó la peste a un castigo.

“Te expulso, pestífera epidemia del coronavirus, por Dios Padre, omnipotente; por Jesucristo, su único hijo; por el Espíritu Santo, que procede de ambos, para que te alejes rápidamente de nuestros campos, pueblos, ciudades, de nuestros hogares y no permanezcamos más en ellos, si no que te vayas a otro lugar en el cual no puedas hacer daño a nadie”, dijo el cura, según el diario El Litoral.

El desafío
No hay margen institucional ni ético para negarse a poner a disposición el sistema sanitario provincial en caso de un colapso. En la misma línea, también es un imperativo institucional y ético tener el sistema preparado, ya que la cuarentena se dispuso precisamente para eso.

En este sentido, habría que ajustar algunos conceptos. Camas y respiradores disponibles no son solo mobiliario, artefactos e insumos, sino también, y sobre todos, el personal capacitado para utilizarlos con eficacia. De otro modo, alcanzaría con ponerse a hacer catres y comprar respiradores a granel.

Tal es el desafío central: dotar al sistema sanitario de recursos humanos competentes y suficientes para hacer uso adecuado de la infraestructura.

A Dios rogando y con el mazo dando, dice el refrán. Faltaría que se le pida a la Morena que baje llegado el caso a entubar enfermos.

En eso hay que trabajar, en lugar de destilar ponzoña, fomentar guetos de apestados y meterle abono al fetichismo del cero.
 

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