EL MIRADOR POLÍTICO

La reforma está hecha

domingo, 21 de junio de 2020 · 01:03

Bullas escenográficas que alcanzaron nivel óptimo de estruendo con las movilizaciones sindicales difuminaron el alcance de los cambios que el gobernador Raúl Jalil precipitó en sus primeros siete meses de gestión.

Hablar de la llamada reforma del Estado como proyecto es un anacronismo. Lo medular, lo sustantivo de la reforma está hecho y responde a un objetivo que Jalil se planteó desde su asunción: revertir la dispersión en el manejo de los recursos económicos de la provincia para controlar un volumen mayor, que le facilite orientar la inversión y el gasto público. Tal meta está ligada con la necesidad de construir poder y ganar autonomía política para llevar su proyecto adelante.

No debería sorprender. Lo mismo procuró cuando estuvo a cargo de la Intendencia de la Capital. Los indicios del impulso estaban ya en la reformulación del organigrama de ministerios.

El recuento contribuirá a ajustar la perspectiva:

- Incorporación de entes autárquicos como Vialidad de la Provincia y el Instituto Provincial de la Vivienda a la órbita de los ministerios de Infraestructura y Obras Civiles y de Urbanización y Vivienda.

- Centralización de la recaudación. Rentas, Catastro y el Registro de la Propiedad se subsumieron en la Agencia Recaudadora de Catamarca.

- Conversión de CAPRESCA en Caja de Crédito.

- Reforma de los regímenes de coparticipación municipal y regalías mineras.

La ejecución de estas transformaciones a través de iniciativas legislativas individuales en lugar de una sola ley ómnibus disimuló su sentido político, que es lubricar los dispositivos recaudatorios y desbrozar el camino para dirigir el erario de acuerdo con los criterios que el Gobernador estime más convenientes.

Queda pendiente el manejo de los recursos humanos, objeto de tratativas con el heterogéneo universo sindical, con el que acercó posiciones el jueves.

La eficacia para administrar e incrementar fondos provinciales se torna central para mermar el impacto de turbulencias forasteras.

Las concesiones adelantadas a los gremios en nada afectan el tuétano del movimiento general. Se verá cómo sigue la historia, pero en principio Jalil aceptó garantizar la integridad de los salarios en caso de crisis financiera, la participación de los sindicatos en los concursos de ingreso a la administración pública –lo mismo que en la Municipalidad- y una corrección semántica: en lugar de licencia prejubilatoria, retiro voluntario.

Quedaría en pie la unificación de los sistemas para incorporar agentes al Estado y de contratación de bienes y servicios, dos elementos que sintonizan con los cambios ya realizados.

En cambio, la reforma del Estatuto del Docente no cuajó. El cuero no dio para tanto.

 

Otras coordenadas

Los dirigentes más avezados advierten la alteración del escenario.

Jalil se ha munido de instrumentos muy poderosos para afianzarse, aprovechando un capital conformado por varios factores. El buen manejo de la pandemia es uno, pero gravitan más el vínculo cultivado con los intendentes y las alianzas con su antecesora, la diputada nacional Lucía Corpacci, el intendente de la Capital Gustavo Saadi y el sindicalista Luis Barrionuevo.

Este equilibrio será puesto a prueba durante la adaptación de los actores a la nueva cartografía. Algunos movimientos tendientes a lograr, retener o incrementar posiciones, aunque incipientes, resultan ostensibles. Todo es siempre precario en política, pero las tensiones son lógicas y hasta saludables.

En el plazo inmediato, los liderazgos políticos, se aprestan para las elecciones de medio término, lejanas todavía para un vulgo más preocupado por parar la olla.

La reforma de Jalil, desde este punto de vista, apunta a ampliar su margen de maniobra en un contexto nacional tramado por la incertidumbre.

La luna de miel de la sociedad con la Casa Rosada remite; los engranajes del modelo de poder nacional bifronte, compartido entre el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner, demanda aceitados cada vez más frecuentes; el desemboque de las negociaciones por la deuda se dilata.

La reforma de Jalil apunta a ampliar su margen de maniobra en un contexto nacional tramado por la incertidumbre económica y política.

En tal marco, la eficacia para administrar e incrementar los fondos provinciales se torna central para reducir el impacto de turbulencias forasteras, sobre todo en una provincia con fuerte dependencia del auxilio de la Casa Rosada para trascender el mero pago de las planillas salariales y la asistencia social. No solo se trata de mantener a raya el coronavirus: el colapso de los esquemas políticos catamarqueños estuvo siempre determinado por influjos nacionales.

Más allá del despeje del horizonte electoral, el Gobierno tiene en carpeta ladrillos adicionales para la edificación de un perfil propio.

El Ministerio de Planificación y Modernización, a cargo de Susana Peralta, avanza en el diseño de un plan consistente a largo plazo, atento a las posibilidades de financiar proyectos que puedan surgir del Tesoro nacional y los organismos de crédito.

También en esto se manifiesta una inercia de la gestión municipal trasladada a la Provincia. Lo más visible de la gestión de esta cartera pasa por el ordenamiento territorial, la detección de tierras baldías con el fin de recuperarlas para la producción y el mejoramiento de la infraestructura hídrica provincial.

 

Caja de herramientas

Jalil se ha hecho de una caja de herramientas para marcar su impronta de gestión. Que pueda concretar depende de la dinámica política, que en Catamarca, con un sector privado anémico, está fuertemente condicionada por la cultura de la administración pública.

No es casual que las controversias más intensas se hayan desatado en torno a los retoques en el sistema que rige el empleo estatal.

La profundidad institucional del resto de los cambios, incontrastable, no bastó para conmover la arena política de modo significativo. La oposición no encontró eco al marcar lo que entendía como atentados a las autonomías municipales o transgresiones al republicanismo. Más aún: perdió músculo por la deserción de sus intendentes, poder territorial que avaló la avanzada jalilista.

Los argumentos carecían de público y conducían a la oposición a un fracaso de taquilla, de modo que los legisladores del FCS-Cambiemos obedecieron a un elemental instinto de supervivencia cuando fueron al pie de la Intersindical para expresar que compartían la resistencia a una reforma administrativa a la que solo le faltaba lo concerniente a las plantillas de personal.

Todo un síntoma: quedar fuera de la única discusión que le importa a los gremios estatales equivale en Catamarca a quedar fuera de todo. Dos días después, los jerarcas de la Intersindical se sentaban con Jalil y su ministro de Gobierno, Jorge Moreno, para pactar una tregua.

Acaso sea excesivo definir lo ocurrido como reforma del Estado. Consigna marketinera, funcional a la estrategia del tero, que grita por un lado para poner en otro los huevos.

Menos épico tal vez, pero más fiel a los acontecimientos, es señalar que el Gobierno ha reconfigurado el campo de batalla.

A la pelea le falta lo mejor.

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