EDITORIAL

Restricciones difíciles de explicar

lunes, 1 de junio de 2020 · 01:03

Los reclamos de quienes, en plena pandemia, solicitan volver a trabajar, a producir  o a prestar servicios por cuestiones casi de supervivencia, son razonables y las autoridades deberían estudiar sector por sector y en función de cada localización territorial, cómo podrían ir restableciéndose esas prestaciones sin afectar la salud pública. Habría que diferenciarlos, de todos modos, de aquellos militantes “anticuarentena” que creen que la pandemia es un invento de los gobiernos para mantener controlada a la población o que postulan que al aislamiento debe levantarse y retomarse la normalidad, aún en sectores como el Área Metropolitana de Buenos Aires, donde los casos y las muertes por coronavirus se incrementan paulatinamente, representando más del 80 por ciento de los casos totales nacionales.

Catamarca, que hasta el momento no registra casos, mantiene algunas restricciones difíciles de explicar. Por ejemplo, de circulación. Podrían flexibilizarse los requisitos para trasladarse de una localidad a otra, sin salir de la provincia, habida cuenta del riesgo cercano a cero que habría de contagios.

Si bien la actividad comercial se ha ido reestableciendo paulatinamente, persisten limitaciones horarias que los empresarios de algunos rubros juzgan como perjudiciales para las ventas y que podrían modificarse, sin por eso poner en riesgo la salud de la población. El horario corrido de los comercios de 10 a 18, nada habitual para la idiosincrasia catamarqueña, podría modificarse, volviéndose al tradicional horario cortado.

La limitación del funcionamiento de bares y restaurantes hasta las 22 provoca que muchos locales, que tienen en grueso de las ventas en el horario de la cena, sobre todo los fines de semana, ni siquiera abran, porque casi nadie concurre a comer a las 20 horas. Estirar al plazo hasta las 24, sostienen los propietarios de estos negocios con lógico razonamiento, siempre resguardando los cuidados preventivos acordados, no tendría perjuicios sanitarios.

Es cierto que las enormes dificultades económicas que existen en todas las naciones del planeta, sin excepción, son causadas por el coronavirus y no por la cuarentena. De hecho, aún en aquellos países donde el aislamiento no es tan estricto –Brasil, por ejemplo, que está por llegar a los 30.000 muertos- el derrumbe económico es de igual magnitud que en Argentina. Lo mismo sucede en Suecia, que ha tenido una política de mantener casi la normalidad en la vida social, y sin embargo tendrá, según las proyecciones del FMI, una caída anual del PBI similar al de Dinamarca, nación vecina que tuvo un aislamiento estricto y, por esa razón, una cantidad de contagios y fallecidos muy inferior.

De todos modos, las medidas preventivas no pueden extenderse sin argumentos fundado en estadísticas. Y éstas indican que en el 95% del territorio argentino el virus circula muy poco o nada. Flexibilizar el aislamiento de manera inteligente y responsable, tendiendo lentamente hacia la “nueva normalidad”, debería ser una política a tomar en estos lugares, entre los que se encuentra Catamarca.n

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