EDITORIAL

Crisis y oportunidad

lunes, 4 de mayo de 2020 · 01:25

El Covid-19 ha acelerado la puesta en crisis de la economía global que ya se encaminaba, sin la pandemia, hacia ese destino, aunque no de un modo tan precipitado. Coinciden, en este análisis, estudioso ligados a corrientes ambientalistas que caracterizan al modo de producción vigente como una amenaza para los recursos naturales del planeta, pero también economistas que dan cuenta de la insustentabilidad de ese modelo. 

La acelerada depredación de la naturaleza para maximizar ganancias se combina con un sistema esencialmente injusto, que produce enormes desigualdades sociales e internacionales, con personas ricas cada vez más ricas y personas pobres cada vez más pobres, y países ricos cada vez más ricos y países pobres cada vez más pobres. El ensanchamiento de estas brechas iba a generar, más temprano que tarde, tensiones insoportables y muy difíciles de resolver diplomáticamente o con acciones de seguridad hacia el interior de las naciones.

El coronavirus ha desnudado dramáticamente las falencias del sistema económico dominante.

Si el mundo no será el mismo después de que cese la pandemia, tampoco lo deberá ser la economía. Mientras científicos buscan un tratamiento eficaz para el virus o una vacuna preventiva, economistas y cientistas sociales procuran indagar salidas alternativas de la crisis.

Un ejemplo: 170 académicos holandeses firmaron en abril un manifiesto en el que proponen transformaciones de fondo para la economía luego de la pandemia. El documento toma como referencia a los Países Bajos, pero es, con variantes lógicas de adaptabilidad, de aplicación generalizada. 

Proponen reemplazar el modelo de desarrollo actual que propicia el crecimiento genérico del PBI por otro que fomente el crecimiento de algunos sectores (por ejemplo, las energías limpias) y al mismo tiempo la reducción de otros que no son ambientalmente sostenibles (actividades contaminantes).

Alientan políticas económicas redistribucionistas, gravar la renta y la riqueza y el reconocimiento intrínseco de los servicios públicos esenciales, como la educación y la salud pública.

Fomentan la agricultura circular, basada en la conservación de la biodiversidad y la producción de alimentos sostenible, y propician una “disminución de las formas lujosas y derrochadoras de vida”, en transición hacia “formas necesarias, sostenibles y significativas”.

Proponen, además, que tras la pandemia se cancelen los créditos que no puedan pagar empleados, trabajadores independientes y pequeñas y medianas empresas, pero también de los países emergentes en los que el peso de las deudas sea imposible de afrontar sin dañar el bienestar de sus habitantes.

El debate está abierto, pero para que sea enriquecedor deberá nutrirse de pluralismo y no de posiciones unívocas y reduccionistas. Lo que queda claro, y no puede entrar en discusión, es que la humanidad cometería un gran error si luego de tantas muertes no convirtiera la crisis en una oportunidad para corregir los errores cometidos.
 

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