cartas al director

Reingeniería es la palabra

lunes, 25 de mayo de 2020 · 01:00

Señor Director:

La catástrofe que nos toca vivir por el coronavirus, no hay dudas que tiene y que tendrá por un largo tiempo impactos negativos en materia de salud, en la economía doméstica, en lo social y en lo educativo. Ante ello, cuando en los medios se analiza qué sucederá a partir del día después de que se acabe la pandemia, se apela al conocido proverbio chino que afirma que “toda crisis es una oportunidad”.
Así, el mensaje que nos hacen llegar es que estamos ante dos caras de una misma moneda, equivalente a decir: “Esto que es malo tiene su lado bueno”. Sin embargo, también se puede interpretar la apelación a ese aforismo oriental como que se quiere edulcorar una realidad que nos es bastante dolorosa por acción del COVID-19. Por tal razón, y toda vez que esta nota tiene carácter propositivo, siguiendo a S. Rubiales (2018, https://www.lavozdelsur.es/toda-crisis-es-una-oportunidad/), propongo que el proverbio antes apuntado mute a: “Toda crisis puede ser una oportunidad”. Ello así, porque de lo malo se puede mudar a lo bueno siempre y cuando se haga algo para alcanzar tal fin. En suma, la actual crisis será una oportunidad si hacemos algo para que esto ocurra, entonces sí se podrá afirmar con toda propiedad, que “la crisis fue una oportunidad que se supo aprovechar”.
Hecha esa introducción a modo de marco referencia, lo que moviliza esta nota es el futuro de Catamarca, provincia que desde hace muchos años hemos adoptado junto con mi familia bonaerense, como nuestra segunda Patria Chica. Tratando de darle utilidad al tiempo dedicado al aislamiento obligatorio, con regularidad intercambiamos información y pareceres con nuestras relaciones que residen en Catamarca, en particular con dos de ellas, con mis entrañables amigos Luis Eduardo (Lalo) Macedo y Hugo Viqueira. Con ellos coincidimos en que la salida de la cuarentena será dura para el país y también para Catamarca, pero que la situación relativa que tiene la provincia en relación con las distintas regiones de la Argentina la pone en una ventaja comparativa que, de aprovecharse, le permitiría dar un salto cualitativo en su estructura productiva con impacto directo en lo social; y que con seguridad signaría positivamente la vida de los catamarqueños, al menos por los próximos cincuenta años. Proponemos que se les proponga (valga la redundancia) una esperanza realizable a los hijos de la Catamarca de hoy, a partir de un presente amenazante y para beneficio de las generaciones futuras.
En un esquema sintético podemos decir que la economía argentina remunera de la siguiente manera: a) por un lado, con las erogaciones que en forma de salarios, jubilaciones, pensiones y subsidios en todas sus variantes, se les abona a toda la nómina estatal, y que se financia con los diferentes presupuestos públicos; y b) por las remuneraciones que derivan de la actividad privada (primaria, industrial, comercios y servicios), que realizan las grandes empresas, las Pymes y las microempresas, quienes están inscriptas en la AFIP ya como Responsables Inscriptos, ya como Monotributistas, a los que hay que sumarles a los que desarrollan sus actividades en la economía informal (en negro).
Es en este último sector (el de la actividad privada) donde se están generando las situaciones más complicadas para la generalidad: caída abruptas de las ventas, baja de la producción consecuente, inicio de corte de la cadena de pagos, potenciales situaciones de despidos frenados por ley, y otros efectos no deseables. Bajo este esquema, las localizaciones que estimamos se verán más afectadas son los grandes aglomerados urbanos: Gran Buenos Aires, Gran La Plata, Gran Rosario, Gran Córdoba, Gran Mendoza, Gran Tucumán. Por su parte, todas las remuneraciones que provienen del Estado no correrían la misma suerte; ello así, porque aunque con recortes, éstas podrán ser financiadas con la recaudación impositiva, o en su defecto, por la emisión monetaria. No estamos haciendo un juicio de valor sobre lo explicitado; simplemente hacemos una descripción de una realidad inmediata y probable.
En cuanto a la economía catamarqueña, su estructura productiva está fuertemente sostenida, directa e indirectamente, por la presencia estatal. Directamente por las remuneraciones de su planta de personal provincial y municipal; e indirectamente, por los pagos que se realizan a los proveedores de bienes y servicios, incluyendo a los contratistas de obras públicas. Tanto unos como otros, gastan gran parte de sus ingresos en Catamarca para satisfacer sus necesidades; desde las más básicas (salud, vivienda, vestido, educación) hasta los consumos más sofisticados. Y por lo que se conoce en economía como “flujo circular de la renta” y “efecto multiplicador de la demanda”, el estatal es el modelo vigente en la provincia sobre el que pivotea el quehacer económico local, donde obviamente también participa el sector estrictamente privado, pero que de acuerdo con las estadísticas su participación relativa es minoritaria. Este modelo vigente de la economía catamarqueña le ha valido severas críticas de los sectores centralistas y concentrados del país que, haciendo caso omiso de nuestra organización federal, han llegado a tipificar a Catamarca como una provincia “inviable”, que solo puede existir por la asistencia financiera de la Nación. De más está decir que no compartimos para nada este último diagnóstico, que persigue a nuestro entender fines inconfesables, pero no por ello menos perniciosos.
Pero esta debilidad que traería aparejada el modelo actual de la Provincia de Catamarca, en las actuales circunstancias torna en una fortaleza primero y en una oportunidad en lo inmediato. Es una fortaleza porque creemos que la caída de la actividad, en particular la privada, atento a la estructura económica local y a las razones explicitadas más arriba, impactará con mucho menor rigor en lo doméstico, y por ende en el desenvolvimiento cotidiano de la comunidad local, contrariamente a lo que estimamos que sucederá en los grandes conglomerados urbanos antes apuntados. Para que esto ocurra, las autoridades deberán gestionar de modo tal que las cosas sigan fluyendo como hasta ahora.
Sin embargo, estamos en presencia de una oportunidad para la provincia; de una oportunidad para repensar el destino provincial como ente político, económico, social, educativo y cultural; para repensarlo en todo su potencialidad para pegar un salto cualitativo en su estructura, no solo económica sino en todos los órdenes del quehacer cotidiano de los catamarqueños, para que ellos, sus hijos y sus nietos puedan ir gozando paulatinamente de una mejor y sustentable calidad de vida. En suma, se trata de repensar estratégicamente a Catamarca.
“Primum vivere deinde philosophari” es una cita latina que significa primero vivir, después filosofar, que intenta prevenir sobre los que teorizan sin tener en cuenta la realidad. Pero en nuestro caso, conocedores en profundidad de la realidad de Catamarca, se debe invertir esa fórmula por otra que rece “Primum philosophari deinde vivere”, que lo vamos a traducir como “primero pensemos la Catamarca desde hoy hacia el futuro, ejecutemos en consecuencia y luego vivamos y disfrutemos de ella”, poniendo a nuestro servicio la oportunidad que nos brinda la crisis.
A tales efectos, el Gobierno que rige los destinos de Catamarca podría, o debería, convocar a las mejores mentes preclaras de la provincia, que sabemos que las hay, provengan de donde provengan, quienes reunidas, participativamente y en consenso, deberán proponer de cara a la sociedad un nuevo modelo de crecimiento y desarrollo sustentable provincial; sustentable en lo económico, en lo social y en lo ambiental, apelando para ello a un proceso de innovación gradual que eche mano a lo mejor que sea aplicable al escenario local, y que nos ofrece el estado del arte de la ciencia y la tecnología.
En las arenas de los procesos innovativos, este proceso-propuesta se define con una sola palabra: reingeniería. Eso es lo que proponemos; proponemos que aprovechando esta crisis, que como toda crisis puede ser una oportunidad, trabajemos en la “reingeniería” de nuestra querida provincia de Catamarca.

Rodolfo Farberoff
Economista
Iberoconsult.ar@hotmail.com
Ituzaingó, Buenos Aires - Huaycama, Valle Viejo

 

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