Cara y Cruz

Nunca es oportuno

Uno de los rasgos más notorios de la dinámica política en la provincia de Catamarca, en contra de...
sábado, 23 de mayo de 2020 · 01:10

Uno de los rasgos más notorios de la dinámica política en la provincia de Catamarca, en contra de lo que postulan sus dirigentes, es la ausencia de oportunidades. Nunca es, acá, momento oportuno para nada, sobre todo si abordar cuestiones más trascendentales que la elaboración de una lista electoral se trata. O mejor dicho: lo que para unos resulta oportuno, para otros no lo es, de modo que la mayor parte de las energías que podrían emplearse en profundizar sobre asuntos de medular importancia se eroga en inacabables maniobras de obstaculización al rival de turno.


Este fenómeno de las oportunidades inexistentes tiene su más cabal ejemplo en la reforma de la Constitución Provincial, procedimiento que todo el mundo estima indispensable para la salud institucional sin que tal unanimidad haya fructificado nunca a un consenso elemental en torno al momento adecuado para llevarlo adelante. Esto, desde la reforma de 1989, que tampoco fue considerada oportuna en su momento por una significativa porción del universo político local, aunque el saadismo se las arreglara para imponerla acomodando cargas con una parte de la oposición de entonces, convertida de tal modo en oficialismo. Cuando los radicales quisieron enmendar en los ’90, el peronismo decía que no era oportuno; cuando el peronismo sintió que había llegado la diferida oportunidad, ya para el radicalismo no convenía. Así que ahí sigue la Constitución del ’89 a la espera de oportunidades para ponerse al día.
Algo similar ocurre con la reforma del anacrónico Estatuto del Docente, devuelta a la discusión en estos tiempos, devenidos inoportunos para los sindicatos del sector debido a su carácter de apestados. El régimen data de la década del ’70, en la que muy pocos, por no decir nadie, imaginaban la aparición de portentos como, por poner un ejemplo, internet y el mundo virtual.


La reforma del Estatuto Docente se encuentra entre las cosas que al Gobierno se le ocurrió meter en el paquete que denomina “reforma del Estado”. Propuso el Ministerio de Educación a los sindicatos acordarla, pero la mayoría de los convocados se retiró de las conversaciones antes de empezar porque no es momento para meterse en debates tan importantes. 
No vaya a creerse que la negativa surge de un capricho. Para nada: con peste y todo, los gremios se las ingeniaron para hacer una encuesta virtual entre sus afiliados en la que la mayoría, sorprendentemente, coincidió con el alto criterio de sus representantes sobre lo inoportuno del asunto.
No es improbable que el sondeo haya sido un poco direccionado con la advertencia de que la reforma del Estatuto incuba la intención de vulnerar derechos laborales y mochar salarios. Más o menos como preguntar, de modo indirecto, si el docente estima adecuado que lo perjudiquen, si bien los perjuicios esgrimidos no pueden conocerse porque la reforma no se discute.
Los gremios que se retiraron de la mesa de discusión interpusieron un recurso una denuncia en la Dirección de Inspección Laboral contra el Ministerio de Educación porque entienden que discutir la reforma del Estatuto Docente viola una conciliación obligatoria y hasta pidieron que la CGT nacional  intervenga ante semejante transgresión.
¿Y qué es lo que consideran oportuno discutir? En coincidencia con el único gremio que quedó en el análisis del Estatuto, que en esto ya no hay disidencias: un incremento salarial. 
Para presionar por aumentos ya la peste no implica inconveniente alguno. 
Es de lo más oportuno, independientemente de que la economía en general se esté cayendo a pedazos con tanta celeridad que hasta peligra la integridad del aguinaldo en la administración pública y el sector privado oscila al borde de la quiebra colectiva.
Acá lo que no se quiere es poner en cuestión un sistema donde junto a los derechos se han consolidado privilegios que los señores sindicalistas usufructúan desde hace añares.n

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