EDITORIAL

Los riesgos de la “migración inversa”

sábado, 2 de mayo de 2020 · 01:00

Las secuelas sociales y económicas que dejará a su paso la pandemia del coronavirus son todavía muy difíciles de dimensionar. En la Argentina no hay datos aún demasiado precisos respecto de la pérdida de fuentes laborales que esta situación de emergencia ha generado hasta el momento. Se trata de una crisis que se ha montado sobre otra anterior, resultado de la caída de la actividad económica registrada en los últimos años y que por supuesto no tiene vinculación alguna con las razones de la desencadenada este año.

En su discurso de ayer ante la asamblea legislativa, el gobernador de la provincia, Raúl Jalil, estimó que, de continuar el período de aislamiento social obligatorio por un tiempo más prolongado, alrededor de 10.000 catamarqueños podrían regresar a la provincia. 

En esa cifra se incluyen, según las proyecciones del mandatario, algunos que están varados en distintas provincias argentinas, pero también comprovincianos que residen en otras ciudades donde desarrollan su actividad laboral o algún emprendimiento propio. En este último caso, por la evidente paralización de la economía, familias enteras no pueden ya subsistir en los lugares donde se habían radicado, ni aún con la ayuda de emergencia que brinda el Estado nacional, y deciden regresar a Catamarca.

Esta suerte de fenómeno de migración desde las grandes ciudades, o desde el sur del país, donde habitan muchos comprovincianos, hacia el territorio provincial, es muy común en épocas de crisis económica. Es una corriente inversa a la que se registró durante gran parte de la segunda mitad del siglo XX, períodos en los que la falta de oportunidades locales empujó a miles de catamarqueños a buscar mejor suerte en otros destinos más pujantes.

Particularmente durante la crisis del 2001-2002, pero también en los últimos años, Catamarca, que históricamente fue expulsora de trabajadores, se ha convertido en receptora de personas nacidas en la provincia, o con familia en ella, que regresan para recuperar el trabajo perdido en las grandes ciudades o el Sur.

El problema es que este fenómeno de migración inversa a la tradicional encuentra a la economía local tan vulnerable como siempre. No han cambiado las condiciones estructurales ni la matriz productiva, de modo que es muy probable que el arribo de más personas sea, aunque un alivio para los que vuelven, porque no es lo mismo estar desamparado en una gran ciudad que en la provincia de origen, un problema adicional para Catamarca en términos económicos.

Habrá que ver, de todos modos, si la pandemia, y con ella el aislamiento social, se extiende mucho tiempo o, por algún logro de la ciencia, finaliza antes de lo que se calcula actualmente. En caso de que los plazos se acorten, tal vez sea posible una recuperación económica a mediano plazo que frene la migración de las grandes ciudades a la provincia. Si se prolonga, los desafíos serán de tal magnitud que requerirán de un programa de contención tal vez sin precedentes.n

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