EDITORIAL

Deuda y fuga

lunes, 18 de mayo de 2020 · 01:08

Cuando se formula la clásica pregunta respecto de cómo puede ser que en un país con las riquezas naturales y el calificado recurso humano como los que tiene la Argentina exista tanta pobreza e indigencia, hay que señalar, si se quiere encontrar una respuesta adecuada al interrogante, a los aproximadamente 500.000 millones de dólares argentinos que están radicados en el exterior, según coinciden la mayoría de los analistas económicos. Un porcentaje de estos activos se fugaron al exterior mediante mecanismos permitidos en el marco de las normas financieras y otros a través de maniobras vinculadas a la elusión o evasión fiscal.

La fuga de capitales tiene larga tradición en la historia económica argentina. Pero hay períodos en los que se acelera de una manera extraordinaria, ocasionando un grave impacto negativo en las finanzas públicas y, por ende, en la calidad de vida de la inmensa mayoría de los argentinos. Es decir, de los que no tienen por costumbre fugar capitales en grandes cantidades.

Según un informe del Banco Central de la República Argentina presentado la semana pasada, durante el gobierno de Cambiemos la fuga neta fue superior a los 86.000 millones de dólares, pero el total de la formación de activos en el exterior de residentes argentinos alcanza los 129.376 millones. Es decir, aproximadamente un cuarto de la fortuna argentina radicada en el exterior, conformada a través de décadas, se fugó en solo cuatro años.

La combinación de incremento formidable de la deuda y fuga de capitales ha sido fatal para la Argentina entre 2016 y 2019. En una imaginaria puerta giratoria, los dólares que ingresaron al país como crédito al cabo de un tiempo se fugaron. Lo que queda es la deuda, pero no el desarrollo productivo que los préstamos deberían haber financiado. Los que ganan, con este mecanismo perverso, no son las empresas y los trabajadores que desean invertir en el desarrollo del país, sino los especuladores.

El reporte del Banco Central consigna que los 86.000 millones de dólares de fuga neta de los últimos años se concentran en 852 empresas y un puñado de personas humanas, los verdaderos ganadores del modelo.

Otros períodos donde fue recurrente el mecanismo de fuerte endeudamiento y fuga de capitales fueron el del menemismo, sobre todo durante la gestión de Domingo Cavallo, y el de la dictadura militar 1976-83, en particular en el período en que ocupó el Ministerio de Economía José Martínez de Hoz. De hecho, cuando en 1983 Raúl Alfonsín asumió la presidencia, ordenó una auditoría sobre la deuda similar a la que encara ahora el Banco Central, pero el debilitamiento político de su Gobierno frustró su intento de discriminar la deuda legítima de la ilegítima y de castigar a los responsables de generarla.

Clave para no repetir los períodos de fuerte endeudamiento acompañado de fuga de capitales es leer correctamente lo acontecido históricamente, práctica que, a juzgar por la recurrencia, no parece ser habitual en la política argentina.

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