Opinión

A río revuelto, ganancia de pensadores

jueves, 9 de abril de 2020 · 01:00

Seguramente estamos elaborando un pensamiento general pero, como dice Borges, tal vez sea nuestra única forma de pensar; sin embargo, agregamos, eso sucede hasta que nos sentimos desafiados a pensar.
La crisis ocasionada por la pandemia, en una interpretación de la teoría económica, estaría actuando como una externalidad negativa que pone a muchas empresas, aunque no a todas, en una situación de quebranto económico y/o financiero. Pasa en el mundo, incluso en muchos lugares peores que aquí.
Siguiendo ese razonamiento, las empresas que son ineficientes al no poder ajustar sus estructuras deben abandonar el mercado y dejar que la perfecta movilidad de los recursos las ubique en otro sector de la economía como última esperanza. Simplemente fueron ineficientes y el mercado se los hace pagar.
El razonamiento sigue así: los recursos liberados harán aumentar la oferta y, por lo tanto, bajarán los precios hasta lograr un nuevo punto de equilibrio a un nivel de producción menor. Alpiste.
Introduzcamos ahora la política en tal razonamiento: ello implica navegar ahora desde la microeconomía hacia la macroeconomía, también entre ambas, supone un mecanismo de pensamiento un tanto más sofisticado que incluye y mezcla más variables y desafía nuestra capacidad de comprensión.
En principio, ese razonamiento ya no es tan impersonal, los recursos incluyen personas y capital diseñados para ciertos procesos y, en consecuencia, son imperfectos en su movilidad. El tiempo se transforma en una variable más importante y queda explícita la necesidad de repensar el modelo de análisis.
Un poco de datos para entender la dimensión. En EE.UU. se espera que los nuevos desempleados lleguen a 10 millones de personas, aún a pesar de que el Gobierno piensa inyectar en principio una cifra cercana a los 2 billones de dólares, que significan casi el total de los dólares inyectados durante la crisis de las hipotecas en 2008. Un escalón más abajo, aunque no muy lejos, los esfuerzos de los gobiernos europeos serán tan significativos que hasta pondrán en duda la continuidad de la Eurozona como tal. En nuestro país basta decir que las solicitudes de la ayuda del bono de 10 mil pesos se estiman llegarán a 3,6 millones de aspirantes; ello implica una erogación de unos 847 millones de dólares al finalizar el programa. Si no se desborda como creemos va a ocurrir, por nombrar uno de los movimientos del Gobierno y sin detallar el sinnúmero de pedidos de los diversos sectores, todo ese dinero que emitan los Estados soberanos (ricos o pobres) terminarán en los bancos.
El gasto público vuelve a ser fundamental y ya no importa el déficit fiscal. Hoy el ambiente se llena de consignas vacías para evitar la discusión de fondo: por un lado, la teoría económica explica poco y nada, salvo por un keynesianismo de guerra; y por el otro, el “homus economicus” se muestra con fuerza y sigue disputando la distribución del ingreso.
El tamaño y los efectos de esta crisis, según coinciden todos, son algo nunca visto en la historia por lo veloz, por lo inesperado, por lo global, por lo social e incluso por lo moral. Tanto es así que ello ha puesto en tela de juicio muchos aspectos del funcionamiento económico global, pero que está lejos de poner en jaque al capitalismo, el cual demanda al menos mayor imaginación.
Y entonces, ¿Qué hacemos en este contexto los hombres y mujeres chiquitos? Esos que conducen las pymes, esas pymes que generan más del 90% de los empleos de Argentina; en primera instancia hay que decir que si el “sistema” está pidiendo imaginación… a nuestro juego nos llamaron. Si hay algo que sobra en la pyme argentina es imaginación, flexibilidad de estructura (muy pocas veces o nunca acompañada por la burocracia estatal) y lo más importante: acuerdos entre los individuos.
En este sentido, está claro que si las pequeñas empresas no son arrasadas en este contexto, no se deberá a la falta o no de recursos financieros; ni por los propios, que ya fueron devastados hace tiempo, ni por los del sistema financiero, el que normalmente otorga un paraguas cuando sale el sol y lo quita bajo la lluvia, ni por los del Estado, que están plagados de límites burocráticos creados especialmente con el objeto de impedir.
En suma, la supervivencia de las pymes radica pura y exclusivamente en las bases de acuerdo y encuentro generadas con anterioridad a este evento extraordinario. Esta base no es otra que la construcción de lazos con sus tenedores de acciones en un sentido amplio, es decir, no son solo los dueños del capital sino también sus empleados, sus clientes, sus colaboradores, sus asociados y sus competidores.
En tal sentido, aquellas organizaciones que fueron capaces de generar vínculos con su entorno están en una posición de privilegio (que en este contexto equivale a decir que pueden sobrevivir) para enfrentar al Covid-19.
Haciendo alguna analogía diferente, si nos ponemos a pensar en una ciudad o pueblo y pensamos en su plaza principal, ¿Qué encontramos a la vuelta? La casa de Gobierno, algún banco, algún café; si pensamos en otra ciudad y pensamos en su plaza principal, ¿Qué encontramos a la vuelta? Lo mismo. ¿Qué las diferencia? Pues solo una cosa: ¡La gente!
Lo mismo pasa con las empresas, todas tienen las mismas áreas y los mismos problemas, la diferencia está en la gente y sus vínculos. La gente que trabaja en esas empresas, la gente que les compra, la gente cuya construcción individual al respecto de la contingencia será determinante.

MARCELO ALTAMIRANO. Licenciado en Economía. Docente investigador de la UNCA.

CONSUELO ALTAMIRANO. Mgter. en Administración. Gerente de Multimedios EL ANCASTI.

 

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