EDITORIAL

Cuarentena proactiva

jueves, 9 de abril de 2020 · 01:02

Previsiblemente, la cuarentena continuará para la gran mayoría de las actividades en la Argentina. Para muchos, obligados a permanecer en sus casas durante todo el día, salvo alguna salida esporádica, resulta un tiempo muerto, semanas enteras desperdiciadas. La sensación, viniendo de personas que en tiempos de “normalidad” desarrollan múltiples actividades –laborales, de capacitación, deportivas y de recreación- casi siempre fuera del hogar, es comprensible.

Pero en tiempos de excepcionalidad como el que genera la pandemia, debería explorarse la posibilidad de hacer un uso productivo de ese tiempo, aprovechar las horas, que serán escasas cuando retorne la rutina habitual, para leer, aprender, crear. Tener, frente al aislamiento obligatorio, una actitud proactiva y no reactiva.

La peste bubónica que se desató en Inglaterra en 1665 acabó con la vida de más de 100.000 personas. De acuerdo con las crónicas de la época, la cifra de muertos hubiese sido mayor de no haberse dispuesto, con las limitaciones propias de la época, una cuarentena obligatoria para la mayoría de la población.

Ese año, Isaac Newton tenía apenas 23 años y era estudiante de Cambridge. Tuvo que retornar a la casa donde había vivido de niño para pasar allí el aislamiento obligatorio. Durante ese periodo, el físico construyó una oficina en esa vivienda y, sin el acompañamiento de maestros o profesores, dedicó su tiempo a estudiar y a desarrollar ideas que poblaban, apenas como esbozos hasta entonces, su joven cabeza.

En ese fructífero período formuló, por ejemplo, una teoría que iba a cambiar radicalmente y para siempre la física moderna: la Ley de la Gravitación Universal, popularmente conocida como Ley de Gravedad. La dio conocer “oficialmente” en su libro Philophiae Naturalis Principia Mathematica dos años después, en julio de 1687.

Además, descubrió el cálculo diferencial e integral y esbozó leyes de la óptica.

William Shakespeare ​también dedicó el aislamiento por la peste que asoló a Inglaterra a fines del siglo XVI a sus afanes creativos: entre 1592 y 1597 escribió los poemas “Venus y Adonis”, “La violación de Lucrecia” y los “Sonetos”. En la segunda peste, ocurrida poco más de una década después, el dramaturgo escribió “El Rey Lear”, “Macbeth” y “Antonio y Cleopatra”. Las tres obras fueron elaboradas en un solo año, en el que la reclusión fue casi permanente: en 1606.

Se sabe que genios como Newton o Shakespeare, capaces de dejar una huella definitiva en las disciplinas que practican, nacen tan solo tres o cuatro por siglo. Y, aunque nunca se sabe, no es el propósito desafiar a los que transitan el aislamiento obligatorio a que desarrollen teorías que cambien la historia de la ciencia o escriban obras maestras de la literatura, sino, apenas, promover la idea de una cuarentena proactiva, en la que haya tiempo para aprender, para crecer y, por qué no, para ser mejores personas.

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