EDITORIAL

Esfuerzos colectivos y cooperativos

martes, 7 de abril de 2020 · 01:01

Cuesta encontrar noticias positivas, alguna mirada esperanzadora en tiempos como los que vivimos, donde los muertos por la pandemia se cuentan de a miles cada día. Pero que las hay, las hay.
Una de ellas es un viraje en el enfoque de la investigación científica, que casi siempre, pero sobre todo en las últimas décadas, ha estado contaminada por intereses comerciales de los grandes laboratorios y los políticos de los gobiernos, lo que establecía límites muy visibles y muy concretos a la posibilidad de impulsar la ciencia mediante esfuerzos colectivos y cooperativos. 

La dinámica habitual de los equipos científicos es trabajar en silencio, sin compartir el proceso investigativo salvo cuando se alcanza algún logro que merezca ser comunicado y compartido con el resto del mundo. En la actualidad, sin embargo, hay una comunicación fluida entre los cientos de equipos de científicos que trabajan para encontrarle un freno al coronavirus, donde se ponen en común no tan solo los éxitos, por ahora parciales, sino también las frustraciones. Comunicar los fracasos implica un ahorro de tiempo muy importante, pues evita que investigadores emprendan estudios por caminos que ya han sido explorados con anterioridad sin resultados positivos.

El doctor Francisco Perrone, que encabeza una de esas investigaciones en Italia, discrimina perfectamente los propósitos de la ciencia de la lógica geopolítica. En declaraciones al New York Times reflexionó: “Yo nunca escucho a los científicos, a los verdaderos científicos, a los científicos de calidad, hablar en términos de nacionalidad. Mi nación, tu nación, mi idioma, tu idioma, mi ubicación geográfica, tu ubicación geográfica. Esta forma de hablar no se corresponde con el idioma universal que hablamos todos los científicos”. 

Los progresos hasta el momento han sido auspiciosos pero insuficientes. Se calcula que hay alrededor de 50 posibles vacunas en desarrollo. Israel, China y Estados Unidos son, tal vez, los países donde los prototipos están más avanzados. 
Por otro lado, se está experimentando con alrededor de 70 medicamentos que pueden ser eficaces en el tratamiento del coronavirus. En Argentina existe una iniciativa en estudio que surge a partir del éxito logrado desde hace años para combatir el denominado “mal de los rastrojos”, y que consiste en la utilización del plasma de pacientes recuperados. Con la misma lógica, la idea es aplicar la técnica a los enfermos de coronavirus con sangre de los pacientes curados y por lo tanto con anticuerpos.

La urgencia por encontrar una vacuna o un antiviral eficaz para prevenir o curar el coronavirus ha venido a desarticular los compartimentos estancos que caracterizan a las investigaciones y a colocar en un segundo plano el afán por conseguir una patente que garantice un futuro ingreso económico multimillonario. La gravedad de la pandemia obliga a que prevalezca, por sobre el egoísmo y el sectarismo, un espíritu colaborativo para impulsar los avances. 

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