Mirador político

Apuestas prescindibles en la peste

La estampida sobre los bancos fue una muestra de la importancia que adquiere...
domingo, 5 de abril de 2020 · 01:10

La estampida sobre los bancos fue una muestra de la importancia que adquiere la organización en una situación de guerra como la que el mundo y la Argentina transcurren, conforme a la jerga popularizada por la peste. Si la analogía bélica parece adecuada para mantener alta la moral social y galvanizar voluntades en el confinamiento, lo del viernes expuso que todavía falta para generalizar la comprensión de que es necesario hacerla trascender lo retórico.
La responsabilidad por la ruptura de la cuarentena recayó sobre el presidente del Banco Central, el titular de la ANSES y el jefe del sindicato bancario: Miguel Pesce, Alejandro Vanoli y Sergio Palazzo, pierna de ases de la desaprensión. 
El Gobierno nacional venía timoneando con solvencia un derrotero plagado de incertidumbres y fue a estrellarse por culpa de ellos contra un escollo tan cartografiado como el pago de jubilaciones, en esta oportunidad previsiblemente de más arduo sorteo debido a que los jubilados confluirían con los beneficiarios de los $10.000 del Ingreso Familiar Extraordinario, para colmo en la reapertura de los bancos tras dos semanas de cierre. Insensatez de altísimo riesgo: los apiñados en los cajeros son las víctimas dilectas del coronavirus.
Como si su agobio fuera poco, el presidente Alberto Fernández debió apresurarse a enmendar la falla de sus subordinados. Los efectos epidemiológicos ya se verían, pero en las imágenes de las aglomeraciones, que galoparon velozmente por medios y redes sociales, advirtió nítida la amenaza a la autoridad sin fisuras que construyó al frente del combate a la pandemia global, de modo que ordenó de inmediato habilitar el fin de semana para los pagos para contener daños. El humor social, se sabe, es demasiado volátil.
Que en la cima de las prioridades de Fernández estén la salud pública y la vida no tiene por qué ser contradictorio con el beneficio colateral de su afianzamiento. 
La imprevisión de Pesce y Vanoli podría tener efectos graves en el terreno sanitario. Hasta que esa incógnita se despeje, es claro cómo le escoraron la cancha política a su jefe. La estampida bancaria reduce significativamente las posibilidades de atribuir una eventual escalada del virus al azar. 


Cadena de mandos
Fernández tuvo que hacer una apuesta que hubiera preferido omitir: confirmó a Pesce y Vanoli en sus puestos. Esto implica hacerse cargo del costo de la incompetencia de sus coroneles. Padre protector de los argentinos acechados, asume coherente idéntico rol con su funcionariato.
El caos bancario del viernes devino de un quiebre de la cadena de mandos involuntaria. Los responsables de administrar el pago de jubilaciones y subsidios se apartaron de un principio liminar de la cuarentena, que es la prudencia ante un fenómeno desconocido y letal. El daño está hecho, solo queda intentar restringirlo.
Mientras tanto en Catamarca, que sigue con su tanteador de casos en cero, los desafíos a la cadena de mandos distan de ser involuntarios. 
La competencia entre los intendentes por el protagonismo antipeste tiene un ganador inobjetable. Ramón Elpidio Guaraz, de Bañado de Ovanta, encontró la fórmula del triunfo en la vieja y entrañable grieta y le declaró la guerra a los sojeros que se aprestan a la cosecha en su distrito. No pasarán, advirtió.
Guaraz se adelantó a sus adversarios cuando el Gobierno comenzó a revertir la balcanización de la estrategia local contra el coronavirus generada por las clausuras unilaterales de los ingresos a sus municipios. La inconveniencia de estos piquetes tribales se hizo manifiesta cuando comenzaron a afectar la circulación de la producción vinculada a la cadena alimentaria, exceptuada de las restricciones impuestas en la cuarentena, y la posibilidad del desabastecimiento empezó a cernirse.
Guaraz decidió no acatar y declaró la guerra a la soja, que según él no es un alimento, de manera que el gobernador Raúl Jalil tuvo que requerir la intervención de la Justicia Federal a través de la Fiscalía de Estado y advertir que está dispuesto a llegar a la intervención para que el decreto nacional se cumpla.
El intendente de Bañado de Ovanta, célebre por los desvaríos autoritarios, definió la atropellada final por el estrellato con su par de Aconquija, Cristian Gutiérrez, quien se enfrentó por su parte con productores y transportistas de papa semilla. Si ganó cómodo es porque su caso expone lo nocivo de la tribalización en escenarios de la complejidad que plantea el coronavirus. 
Tribalizarse supone reducir el ángulo de análisis y, consecuentemente, renunciar a una perspectiva general. Por eso es tan indispensable una autoridad firme, la distribución aceitada de responsabilidades y tareas, y el atenerse a la cadena de mandos durante una crisis.

El flanco económico
Guaraz merece el cetro de la insensatez. En su miope prepotencia, seleccionó como enemigos a los sojeros, cuando el de la soja es uno de los pocos mercados de exportación en condiciones de aportar divisas a la sobredeprimida economía argentina, que las necesita como agua en el desierto ¿O supone el intendente que los sueldos, los auxilios extraordinarios al sector privado y el robustecimiento del sistema de salud pública han de solventarse con posteos de facebook?
Si se permitiera salir del termo, notaría que hay un debate en la gatera, asordinado aún por la psicosis sanitaria, por la distribución de recursos entre la Nación y las provincias. 
La recaudación de la AFIP cayó un 10% en términos reales en marzo, la del IVA un 20%. El derrumbe afecta directamente a la coparticipación federal, de la que se desprenden los recursos que la Provincia coparticipa a los municipios. 
Ayer el presidente Alberto Fernández anunció la salida paulatina, cautelosa, de la cuarentena a partir del lunes 13. El impacto económico de la inactividad se torna ya insostenible.
La Casa Rosada, con sano criterio epidemiológico, concentra mayor atención en la CABA y en Provincia de Buenos Aires. Los gobernadores temen que esto se replique al momento de repartir fondos. 
Tienen la vista puesta en los Aportes del Tesoro Nacional, el 1% de los recursos coparticipables, que se reserva precisamente para situaciones de emergencia como ésta, y en las retenciones a las exportaciones de soja, que no se coparticipan pero cuya coparticipación extraordinaria podría requerirse por la crisis.
Las retenciones a la exportación de soja. Empecinado como está en consagrarse como el “cowboy” mayor, apurado por desenfundar, a Guaraz no se le pasa por la cabeza la posibilidad de pegarse un tiro en la pata.
 

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