jueves 2 de febrero de 2023

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a El Ancasti. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
CARA Y CRUZ

Conato de rebeldía

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a El Ancasti. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
Por Redacción El Ancasti

La intendenta a cargo del municipio de Pomán, Alba Morales, eligió el peor momento para intentar un acto demagógico que la diferencie del resto de sus pares del interior y hasta del propio Gobierno provincial, en medio de una cuarentena que hace estragos en la economía y que, además, pone a prueba la tolerancia de la mayoría por un encierro que lleva casi 40 días.
El jueves último, se conoció el decreto 023/2020 firmado por Morales y el director de Coordinación y Despacho, Luis Salguero, que dispuso liberar actividades para ciudadanos comunes y varios rubros del comercio a partir de esa fecha.
Puntualmente, el decreto amplió las excepciones del aislamiento social, preventivo y obligatorio que estaban establecidas en el orden nacional y provincial. En concreto, el municipio permitió: 1) “el desarrollo de actividades deportivas tales como caminatas, trote, carreras y/o actividad que se realice en forma individual, a realizarse a un kilómetro de la vivienda de la persona que la realice, y en horario de 17.00 hasta 19.00 horas, sin excepciones”. Y 2) “la apertura de locales comerciales tales como tiendas, mueblerías, peluquerías y salones de belleza y cosmética, desde las 18.00 y hasta las 21.00 horas sin excepciones”.
Como era previsible, la bondadosa elasticidad pomanista provocó un revuelo de proporciones que quizás jamás imaginó la intendenta Morales. Por un lado, las redes sociales explotaron con mensajes alusivos a lo “bien” que hizo el municipio en aflojar el aislamiento, lo que representaba un “ejemplo” a seguir en las demás comunas y, por supuesto, por el Ejecutivo provincial.
Por el otro, en el Gobierno las miradas se dirigieron inmediatamente hacia el ministro de Educación, Francisco Gordillo, el intendente electo de Pomán, pero, sobre todo, “gurú” y jefe político de Morales –presidenta del Concejo Deliberante a cargo del municipio-, a quien le confió el gobierno de la comuna mientras dure su cargo en el Ejecutivo provincial.


De hecho, si de algo había certeza cuando el gobernador Raúl Jalil convocó a Gordillo para la cartera educativa, a fines del año pasado, era de que en Pomán no ocurriría nada trascendente, desde el punto de vista político, sin que éste fuera consultado antes. Porque de hecho Gordillo no es el ex intendente, sino el intendente elegido por el voto popular y actualmente con licencia.
El sorpresivo decreto municipal suponía, en rigor, un acto de rebeldía político y sanitario respecto a las medidas dispuestas por el COE provincial en el control de la situación epidemiológica por el Covid-19. ¿Cómo podría Pomán tener más libertades que el resto de los municipios si se entiende que las medidas del COE rigen para toda la jurisdicción provincial? En el marco de una pandemia, la autonomía municipal pasa a un segundo plano.
A pocas horas de publicarse la noticia, la propia Morales salió a aclarar que en realidad todo fue resultado de una “confusión”. “Hubo una mala interpretación de la persona que redactó el decreto, no se puede realizar actividad física al aire libre", afirmó en declaraciones a El Ancasti.
Aclaración absolutamente inverosímil. Porque, de hecho, si las excepciones estuvieran destinadas a las personas “discapacitadas” –como dijo Morales-, es de suponer que no debería puntualizar que pueden hacer “caminatas, trote, carreras…”, porque la resolución nacional habla de “salidas breves con efecto terapéutico”, no de actividades deportivas, y con un acompañante.
Lo peor, sin embargo, es que la intendenta a cargo terminó admitiendo indirectamente que firma decretos sin leerlos, al igual que su director de Coordinación y Despacho. Y no se trata de cualquier asunto interno, sino de un instrumento público referido al único gran tema que ocupa la atención de los argentinos y de todo el mundo.
Pero para que el papelón no fuera tan humillante, el Gobierno le concedió a Morales un permiso “menor”: que los comercios de Pomán puedan abrir hasta 2 horas por día. Hasta allí llegó la insurrección sanitaria de la administradora municipal del ministro Gordillo.

Seguí leyendo
LO QUE SE LEE AHORA
livent: sigue el escandalo

Te Puede Interesar