EDITORIAL

Mensajes irresponsables

jueves, 26 de marzo de 2020 · 01:00

En el contexto de la pandemia del coronavirus es posible advertir comportamientos solidarios y comprometidos con el prójimo, así como otros irresponsables. Lo mismo sucede con los mensajes que se emiten.

El problema mayor, en este último caso, es cuando los emisores de esos mensajes confusos, basados en informaciones falsas, cargados de prejuicios o ignorancia, son dirigentes que ostentan, o han ostentado, cargos públicos de relevancia.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, recomendó hace unos días un brebaje natural para combatir el coronavirus, según una receta que le hizo llegar un presunto médico que después se constató que no es tal. Fue tan burda la recomendación que Twitter borró por su cuenta la publicación porque no reunía los requisitos mínimos que la red social exige para este tipo de posteos con presunto contenido médico o científico.

Otro primer mandatario de un país sudamericano, Jair Bolsonaro, de Brasil, no para de pronunciar frases que pasarán a la historia como muestra de su dudosa capacidad para manejar la crisis. Calificó al coronavirus, que en pocos días provocó en ese país 2.500 enfermos y 57 muertos, como “una gripecita” que “en breve pasará”. Peor, tal vez, es lo que hace o piensa hacer, más que lo que dice: planea tomar medidas para levantar la cuarentena que rige en algunos estados. Además, emitió un decreto que suspendía los contratos de trabajo y autorizaba a dejar de pagar salarios por cuatro meses. Por supuesto, a las pocas horas tuvo que derogarlo.

Donald Trump tampoco pasa inadvertido. Días pasados, en una conferencia de prensa, declaró que se acababa de aprobar el uso de la cloroquina, un aditivo para limpiar peceras, para atender a los pacientes con coronavirus. La información era falsa, pero tuvo consecuencias fatales. El martes un hombre murió por ingerirlo y su esposa está internada en grave estado.

En Argentina se han registrado varios casos de exabruptos o declaraciones irresponsables. La semana pasada, el ministro de Seguridad de Santa Fe, Marcelo Sain, se las tomó con los argentinos repatriados: “No solo buscamos y traemos a estos chetos sino que usamos los kits de testeo en ellos”, dijo, sin ponerse colorado.

Ayer, la ex titular de la Oficina Anticorrupción durante el gobierno de Cambiemos, Laura Alonso, se opuso a la llegada de médicos cubanos, a quienes acusó de espías, a la Argentina para colaborar con la lucha contra la pandemia. “Si nos faltaba algo... eran los médicos/espías/comisarios cubanos! #NoALosMedicosCubanos”, escribió en su cuenta de Twitter. La idea fue apoyada por el diputado de Cambiemos Fernando Iglesias. Como se sabe, médicos cubanos ya están colaborando en Italia, el país actualmente más afectado por la pandemia.

No son los únicos casos de dirigentes que no estuvieron a la altura de las circunstancias. Basta indagar un poco para caer en la cuenta que la irrupción del coronavirus desnudó las incapacidades de muchos para adaptarse a la emergencia. Por suerte, son más los que suman, como dirigentes o ciudadanos comunes, que los que restan. Por eso es legítimo y necesario albergar esperanzas.

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