CARA Y CRUZ

Contribuciones al caos

jueves, 26 de marzo de 2020 · 01:02

Previsiblemente, disposiciones unilaterales tomadas por varios intendentes lanzados a la competencia por consagrarse líderes de la batalla contra el coronavirus generaron más problemas de los que resolvieron.
La cuarentena preventiva desenfrenó en varios  de ellos un frenesí autopublicitario que se manifiesta en sobreactuación del rigor vigilante y escenificaciones bélicas lindantes, en los casos más benignos, con el ridículo.
La prioridad del objetivo propagandístico se hace ostensible en la urgencia con que divulgan a través de las redes sociales medidas e imágenes de operativos.
Las más espectaculares son las de las clausuras de las fronteras comunales, que en algunos casos incluyeron el alzamiento de barricadas de tierra. Otras muestran a los caciquejos controlando personalmente las maniobras de control, con ademanes tipo Rommel frente al Africa Korps.

Muchos parecen ver en el COVID-19 antes una oportunidad política que una amenaza letal. Podría ser ambas cosas, pero para ello es indispensable la aplicación del criterio.  
Se desconoce, por ejemplo, si los cinematográficos movimientos de los jefes territoriales se ajustan a alguna estrategia epidemiológica seria.
Es un misterio también el tipo de asesoramiento que recibieron para proceder como proceden, hecho preocupante frente a un escenario inédito como el que transitan, desconocido en su mayor parte. Un elemental sentido común sugiere que sería más adecuado recurrir a científicos que a guionistas de Netflix.
Son verificables, en cambio, las significativas contribuciones al caos que suponen sus ocurrencias. En algunas se advierte que ni siquiera han leído el decreto presidencial que estableció el confinamiento y sus excepciones.
A los productores agropecuarios, cuyos establecimientos están mayormente localizados en el interior, les resulta imposible trasladar sus productos debido a esta ignorancia. Los camiones son obligados a errar por las rutas en busca de un paso por la terca actitud de sujetos que suponen ser la reencarnación de John Wayne, pero carecen hasta de un termómetro para efectuar los controles.

Los piquetes alzados por los intendentes violan de modo flagrante los incisos 12 y 13 del artículo 6 del decreto 297/20, que habilita la libre circulación en la cuarentena para “industrias de alimentación, su cadena productiva e insumos; de higiene personal y limpieza; de equipamiento médico, medicamentos, vacunas y otros insumos sanitarios” y para “actividades vinculadas con la producción, distribución y comercialización agropecuaria y de pesca”.
Ignorancia indisculpable: es supina, proviene de la negligencia.
La obstaculización de actividades económicas, una estupidez si se consideran los perjuicios tremendos que acarrea y acarreará en ese terreno la crisis sanitaria, no es lo peor.
Se apartan los intendentes, peligrosamente, del principio de organización, fundamental para llevar adelante con eficacia un combate de altísima complejidad como es el que plantea esta peste global.

Los municipios, en este momento, deberían estar ocupados en robustecer sus estructuras sanitarias para el momento en que el virus llegue y empiece a demandar la atención del sistema provincial.
¿Qué pasaría si algún vecino sufre una crisis de salud en circunstancias que sea imposible derivarlo del interior a la Capital? ¿Están los municipios preparados para actuar en tal emergencia o habrá que pensar en la posibilidad de morir de apendicitis o paperas porque el intendente estaba muy ocupado trabajando su imagen en lugar de prepararse para lo que se venía?
Dado que la insensatez cunde, es urgente que el Gobierno aplique una política general para toda la provincia y termine con esta balcanización feudal.

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