viernes 19 de julio de 2024
EDITORIAL

Argumentos muy difíciles de refutar

Por Redacción El Ancasti

Desde que se declaró la circulación comunitaria del virus del COVID-19 en Catamarca, la confección de estadísticas respecto de los modos de contagio se ha tornado una misión imposible. Es lógico que eso suceda, pues al perderse la cadena epidemiológica de los contagios, las causas no se conocen con precisión, aunque la experiencia práctica recogida en estos meses de excepción, a nivel local y en otras partes del país y del mundo, permiten sacar algunas conclusiones interesantes para el análisis y la posterior toma de decisiones.

Mientras fue posible hacer un seguimiento eficaz de los casos se advirtió que un muy alto porcentaje de los contagios se debió a contactos interpersonales frecuentes en reuniones familiares y sociales, sobre todo las masivas. Todo indica que ésta sigue siendo la causa principal y así lo corroboran expertos de otras latitudes que han logrado elaborar estadísticas con mayor grado de precisión.

En consecuencia, la información registrada hasta el momento indica que los casos de contagio producidos en actividades públicas o ámbitos laborales donde rigen protocolos de cumplimiento obligatorio y controles permanentes son escasos, por no decir inexistentes. Deberían las autoridades considerar este diagnóstico bastante aproximado de la realidad al momento de establecer cuáles actividades pueden habilitarse, siguiendo siempre las normas y recomendaciones aplicables a cada caso, sin que esa flexibilización implique la multiplicación de los casos de coronavirus en Catamarca.

En este contexto, se justifican las restricciones a las reuniones sociales privadas masivas en ámbitos donde los controles son imposibles y los protocolos inexistentes, pero no parece guardar razonabilidad el impedimento de que funcionen, por ejemplo, los locales gastronómicos, cuyos protocolos, aprobados por las propias autoridades, son bastante estrictos y se han cumplido, salvo muy pocas excepciones, con responsabilidad.

Pero más allá de los argumentos, muy válidos por cierto, vinculados a la cuestión sanitaria, los propietarios de bares y restaurantes esgrimen otros de mucho peso también: la crisis económica, profundizada por la pandemia, no puede soportarse más si no es abriendo los negocios. Muchos de este tipo de comercios, algunos de ellos emblemáticos del sector en los últimos años, han cerrado sus puertas o están a punto de hacerlo, lo que no solo implica el fin de un emprendimiento empresario sino también, en cada caso, decenas de puestos de trabajo que se pierden, con las graves secuelas sociales que esta situación trae aparejadas.

De modo que, con argumentos sanitarios y también económicos y sociales difíciles de refutar, la pretensión del sector empresario gastronómico parece ajustarse a la lógica. Autoridades y empresarios deberán, en todo caso, acordar estrategias tendientes a que los controles respecto del cumplimiento de los controles sean eficaces, pero cada vez hay más coincidencias acerca de la necesidad de compatibilizar prevención con apertura responsable.

Seguí leyendo

Te Puede Interesar