martes 9 de julio de 2024
EDITORIAL

La estafa de las guaridas

Por Redacción El Ancasti

La reconstrucción de la economía mundial pos pandemia requerirá, para que se implemente según criterios de equidad internacional y social, de recursos que, con las actuales reglas del juego financieras, parece algo imposible.

El financiamiento para la construcción de hospitales, escuelas, infraestructura pública para el desarrollo en los países empobrecidos, créditos accesibles para pequeñas y medianas empresas o subsidios para combatir la pobreza y la indigencia requieren de dinero. Y ese dinero, en una porción considerable, está fuera del alcance de los Gobiernos, en guaridas fiscales que constituyen fortalezas inaccesibles que le permiten a cientos de miles de personas y empresas de todo el mundo, también de la Argentina, como se pudo constatar a través de los Panamá Papers, evadir o eludir el pago de impuestos. Se trata de una estrategia inmoral, pero que se basa en la ausencia de regulaciones internacionales que impiden que esta suerte de “estafa” se perpetre sin sanciones específicas.

Cuando se fijaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, a cumplirse en 2030, se señaló que para cumplirlos sería necesario el dinero o al menos una parte de él, radicado en los paraísos fiscales. La emergencia de la pandemia que ha afectado al planeta este año ha hecho que la necesidad de recurrir a esos recursos sea aun mayor.

Según “El Estado de la Justicia Fiscal 2020”, un completo informe que acaba de presentar una conjunto de organizaciones internacionales especializadas en la problemática - Tax Justice Network, la Internacional de Servicios Públicos y la Alianza Mundial para la Justicia Fiscal- son aproximadamente 427.000 millones de dólares que el mundo pierde cada año para cumplir con las metas de desarrollo para 2030 fijadas en 2015.

El mundo pierde cada año aproximadamente 247.000 millones de dólares por la evasión o elusión impositiva que permiten los paraísos fiscales. 

Esa cifra constituye, por ejemplo, el equivalente a casi el 10 por ciento del presupuesto de Salud de los países del mundo. Eso en promedio, pero en algunas naciones la proporción alcanza al 52 por ciento.

La estrategia de las empresas es declarar bajos beneficios o pérdidas en los países que cobran impuestos altos con el propósito de generar políticas de redistribución de la riqueza, y declarar altos beneficios en jurisdicciones donde los impuestos son muy bajos o nulos –los denominados paraísos fiscales-, aunque en esos países  no produzcan absolutamente nada o no presten servicio alguno. Solo radican en estas guaridas algunas oficinas y alquilan direcciones. 

No se requeriría, para terminar con esta verdadera estafa, el diseño de una compleja trama de leyes. Según las organizaciones internacionales, bastaría con exigir a las empresas multinacionales publicar, país por país, la información sobre sus ventas, costos y beneficios, además de la concerniente a los propietarios beneficiarios de las empresas, los fideicomisos y las fundaciones. De ese modo sería imposible ocultar en los paraísos los activos e ingresos.

Pero para implementar estos cambios que permitan el acceso a información clave se requiere de la voluntad política de los gobiernos. Lo cual, hasta ahora, ha resultado imposible, sobre todo considerando que hay grupos más poderosos que los propios Estados nacionales, a los que coloniza con sus propios representantes. Tal vez los estragos que ha causado la pandemia permitan, de ahora en más, ser un poco más optimistas.n


 

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