Editorial

Restricciones absurdas e indignantes

sábado, 21 de noviembre de 2020 · 01:09

A lo largo de toda la pandemia se han visto en la Argentina, con el argumento de tomar recaudos para evitar la propagación del virus, situaciones verdaderamente insólitas, que terminan desencadenando una ola de indignación colectiva ampliamente justificada. Las restricciones a la circulación solo tienen sentido si son razonables, en determinados momentos, en determinados lugares y respecto de determinadas situaciones. Para decidir la razonabilidad de la medida hace falta sentido común, que parece en muchos casos no abunda entre autoridades y personal a cargo de controlar la ejecución de las directivas.

Un caso paradigmático de las limitaciones absurdas que se  adoptan en la limitación de la circulación de las personas es el de la niña Abigail Jiménez, que está desde hace cinco años luchando contra un cáncer. El pasado lunes, mientras regresaba con sus padres Diego y Matilde desde Tucumán, provincia donde recibe tratamiento para la cruel enfermedad que padece, un efectivo del puesto caminero de Santiago del Estero les impidió ingresar en auto a esa provincia, aduciendo que requería la autorización del Comité de Emergencia. Ante la negativa reiterada de parte del personal de la caminera, situada en el límite interprovincial, el papá de Abigail, luego de dos horas esperando en la ruta, decidió avanzar a pie con la niña, que lloraba sin parar. Así recorrió cinco kilómetros. 

Se desconoce si la intransigencia irracional es responsabilidad exclusiva del policía o una instrucción bajada desde las autoridades. Y si a esta altura, con el virus circulando comunitariamente en todas las provincias argentinas, ya las restricciones severas de circulación son bastante insensatas en todos los casos, más lo son en casos como el narrado, el de una niña enferma que necesita llegar a su hogar. 

En Formosa tuvo que intervenir la Corte Suprema de Justicia de la Nación para que el gobierno de esa provincia permita el ingreso de miles de personas que aguardan desde hace meses varadas en las rutas poder hacerlo.

En Catamarca se han dado también situaciones de restricciones de circulación, adoptadas particularmente por municipios, que rozan con el disparate.

Es bastante improbable que alguien se tome el trabajo de enumerar todas las situaciones absurdas de esta índole que se han visto desde marzo a la fecha, pero si esa nómina existiese se podría determinar la incidencia que la insensatez tiene en las decisiones que se adoptan con pretensiones de racionalidad planificada. 

Las historias de las personas, en algunas ocasiones familias enteras, que se han visto privadas de circular por exigencias inadmisibles se han conocido porque se difundieron por redes sociales y medios de comunicación. Y tal vez por esa razón, algunas situaciones se solucionaron a favor de las víctimas de la severidad irracional o la burocracia. No basta con eso: alguna autoridad deberá explicar con claridad cómo es que se terminan consumando estas injusticias disfrazadas de prevención sanitaria.

Y si no hay explicaciones posibles, deberán implementarse sanciones ejemplificadoras.

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