EDITORIAL

Negacionistas

miércoles, 18 de noviembre de 2020 · 01:41

En una pequeña localidad de las Sierras Chicas cordobesas, denominada Villa Cerro Azul, la comisión comunal resolvió apartar del cargo de jefe comunal a Andrés Oscar Data, luego de que éste, junto a su pareja y secretaria de esa comuna, Rocío Pérez, publicaran imágenes y textos reivindicatorios de Jorge Rafael Videla y Adolf Hitler. Refiriéndose a temas vinculados a la usurpación de terrenos, una de las publicaciones mostraba un cartel rojo de "Propiedad Privada" con la cara del dictador Videla. La otra tenía una foto de Hitler desafiando a que le ocupen "un campito", en evidente alusión a los campos de concentración donde fueron torturados y asesinadas 6 millones de personas durante la Segunda Guerra Mundial.

Entre los argumentos de la exclusión del jefe comunal se mencionó su “negacionismo”. El negacionismo es un comportamiento humano que niega una realidad histórica y empíricamente verificable. Los negacionistas, por ejemplo, pueden negar que existió el holocausto judío provocado por los nazis o, en el caso argentino, una planificada represión ilegal que causó miles de muertos y desaparecidos durante la dictadura militar. 
Tal vez los que impugnaron a Data hayan sido benévolos con él, porque en realidad puede interpretarse, por sus publicaciones, que no negaba la existencia ni de uno ni de otro hecho histórico, sino que los justificaba y los exhibía como amenaza contra usurpadores.

El negacionismo no solo es aplicable a temas políticos. La negación de la pandemia de coronavirus es un comportamiento, también, de esa índole.
Negar la existencia de genocidios ampliamente documentados, es un comportamiento inmoral, pero también, en algunos casos puntuales, un delito punible. Alemania, Francia, Suiza, Bélgica, España o Austria poseen leyes punitorias contra el racismo o el negacionismo. En septiembre de este año, la Cámara de Diputados de Chile le dio media sanción a un proyecto de ley que plantea criminalizar este comportamiento en tanto desconozca los abusos cometidos durante la dictadura militar de Pinochet. Y el propio Alberto Fernández admitió a poco de asumir que podría estudiar, en el futuro, una ley similar para nuestro país, que penalice a quienes nieguen los crímenes del terrorismo de Estado cometidos en el periodo 1976-1983. Pero luego no volvió a hablar del tema.

En realidad, considerar al negacionismo como un delito solo se justifica en casos muy puntuales, como sucedió en algunos países europeos en los que hubo un fuerte avance de partidos de ultraderecha que desconocían el holocausto. Pero en términos generales puede hasta resultar contraproducente, y no haría callar las expresiones que reivindican regímenes probadamente totalitarios y que cometieron sistemáticamente crímenes aberrantes.

En nuestros países sudamericanos el negacionismo debe combatirse, no convirtiéndolo en un delito penal, sino con información y campañas de concientización. Pero aunque no sea un delito, se trata de una grave defección moral, inaceptable para quienes, como el jefe comunal cordobés, ejercen cargos públicos.

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