jueves 17 de noviembre de 2022

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EDITORIAL

En la primera línea de contención

Si los Estados en sus diferentes niveles –nacionales, provinciales y municipales-, debieron...

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Por Redacción El Ancasti

Si los Estados en sus diferentes niveles –nacionales, provinciales y municipales-, debieron replantear sus estructuras o funciones sobre la marcha por la irrupción del coronavirus como fenómeno global, un proceso similar tuvieron que hacer las organizaciones de la sociedad civil que cumplen funciones asistenciales complementarias.

Estas organizaciones sociales, que en la Argentina ocuparon lugares de preponderancia a partir de la crisis de 2001-2002, funcionan como muro de contención para las carencias de los grupos más vulnerables. Algunas con el apoyo de recursos públicos y otras no, cumplen tareas a esta altura imprescindibles para evitar un ensanchamiento aun mayor de la brecha de la desigualdad social.

Con el acentuado agravamiento de la crisis económica y social ocurrida durante 2018-2019 fueron asumiendo mayores responsabilidades de contención. A partir de marzo, con la retracción económica inherente a los efectos de la pandemia, multiplicaron sus actividades, particularmente las vinculadas a la organización de los comedores comunitarios, que en muchos casos se ven desbordados por el cierre de los comedores escolares. 

En Catamarca son numerosos los comedores comunitarios, tanto en la capital como en el interior provincial, que han debido realizar esfuerzos aun mayores que los que venían efectuando. Uno de ellos, ubicado en el sector norte de San Fernando del Valle de Catamarca, es el denominado “La Luciérnaga”. Miriam Fresco, encargada del comedor, reconoció que a pesar de recibir ayuda del Ministerio de Desarrollo Social y de particulares, no dan abasto. “Estamos con muchos problemas porque tenemos muchísima gente que viene a pedir un plato de comida, estamos resistiendo, es lo único que hacemos desde que comenzó esta pandemia, todos los días es una lucha”, reflexiona en una entrevista con Radio Ancasti. 

La pandemia ha provocado que muchas personas pierdan sus trabajos formales o vean resentidos sus trabajos informales. Muchos de los que colaboraban con estas organizaciones solidarias hoy no pueden hacerlo, e incluso algunos pasaron de ser colaboradores a beneficiarios de estas acciones.

En algunas ciudades donde el virus circula comunitariamente con altas tasas de contagio, las organizaciones sociales cumplen también tareas de apoyo sanitario al sector salud formal. En Catamarca eso no sucede, pero simplemente porque, al menos por ahora, la expansión del coronavirus está siendo controlada.

Los referentes comunitarios tienen muchas responsabilidades, escasos beneficios –sus acciones forman parte de un voluntariado- y casi nulo reconocimiento institucional. Así como en este mismo espacio editorial se ha propiciado la valoración pública del personal de salud que actúa en el contexto de la pandemia y de los docentes que salen al rescate de chicos a punto de abandonar la escuela, del mismo modo la sociedad, y también el Estado, deben destacar el aporte solidario de las organizaciones sociales que suelen estar más cerca de las necesidades de la gente que el propio gobierno.

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